sábado, 22 de abril de 2017

Papa Francisco: qué es la liturgia

Sábado 27 mayo 2017, Víspera de la Ascensión del Señor, misa de la vigilia.

CALENDARIO

27 SÁBADO. Después de la hora nona:
SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA
Tercera semana del salterio
Misa
vespertina de la vigilia de la Ascensión del Señor (blanco).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, cuando cuarenta días después de la Resurrección fue elevado al cielo en presencia de los discípulos, sentándose a la derecha del Padre, hasta que venga en su gloria a juzgar a vivos y muertos.

VII domingo de Pascua
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Solemnidad
Misa de la vigilia
Esta misa se puede utilizar la tarde anterior a la solemnidad, antes o después de las primeras Vísperas de la Ascensión.
IN ASCENSIONE DOMINI
Sollemnitas.
Ubi sollemnitas Ascensionis non est de praecepto servanda, assignatur, tamquam diei proprio, dominicae VII Paschae.
Ad Missam in Vigilia
Haec Missa adhibetur vespere pridie sollemnitatis sive ante sive post I Vesperas Ascensionis.
Antífona de entrada Cf. Sal 67, 33. 35
Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad al Señor que asciende a lo más alto de los cielos; su majestad y su poder sobre las nubes. Aleluya.
Antiphona ad introitum Ps 67, 33. 35
Regna terrae cantáte Deo, psállite Dómino, qui ascéndit super caelum caeli; magnificéntia et virtus eius in núbibus, allelúia.
Se dice Gloria.
Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh, Dios, cuyo Hijo asciende hoy a los cielos en presencia de los apóstoles, concédenos, según su promesa, que permanezca siempre con nosotros en la tierra y que nosotros merezcamos vivir con él en el cielo. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Deus, cuius Fílius hódie in caelos, Apóstolis astántibus, ascéndit, concéde nobis, quaesumus, ut secúndum eius promíssionem et ille nobíscum semper in terris et nos cum eo in caelo vívere mereámur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la solemnidad de La Ascensión del Señor, ciclo A.

PRIMERA LECTURA Hch 1, 1-11
A la vista de ellos, fue elevado al cielo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseno desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».
Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».
Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».
Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 46, 2-3. 6-7. 8-9
R.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Ascéndit Deus in iúbilo, et Dóminus in voce tubæ.
O bien: Aleluya.

V. Pueblos todos batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Ascéndit Deus in iúbilo, et Dóminus in voce tubæ.

V. Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Ascéndit Deus in iúbilo, et Dóminus in voce tubæ.

V. Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Ascéndit Deus in iúbilo, et Dóminus in voce tubæ.

SEGUNDA LECTURA Ef 1, 17-23
Lo sentó a su derecha en el cielo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Mt 28, 19. 20
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Id y haced discípulos a todos los pueblos –dice el Señor–; yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. R. Eúntes docéte omnes gentes, dicit Dóminus: ego vobíscum sum ómnibus diébus usque ad consummatiónem sæculi.

EVANGELIO Mt 28, 16-20
Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra
Conclusión del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

PAPA FRANCISCO
REGINA COELI, Plaza de San Pedro, Domingo 1 de junio de 2014

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, en Italia y en otros países, se celebra la Ascensión de Jesús al cielo, que tuvo lugar cuarenta días después de la Pascua. Los Hechos de los apóstoles relatan este episodio, la separación final del Señor Jesús de sus discípulos y de este mundo (cf. Hch 1, 2.9). El Evangelio de Mateo, en cambio, presenta el mandato de Jesús a los discípulos: la invitación a ir, a salir para anunciar a todos los pueblos su mensaje de salvación (cf. Mt 28, 16-20). «Ir», o mejor, «salir» se convierte en la palabra clave de la fiesta de hoy: Jesús sale hacia el Padre y ordena a los discípulos que salgan hacia el mundo.
Jesús sale, asciende al cielo, es decir, vuelve al Padre, que lo había mandado al mundo. Hizo su trabajo, por lo tanto, vuelve al Padre. Pero no se trata de una separación, porque Él permanece para siempre con nosotros, de una forma nueva. Con su ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles —y también nuestra mirada— a las alturas del cielo para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre. Él mismo había dicho que se marcharía para prepararnos un lugar en el cielo. Sin embargo, Jesús permanece presente y activo en las vicisitudes de la historia humana con el poder y los dones de su Espíritu; está junto a cada uno de nosotros: aunque no lo veamos con los ojos, Él está. Nos acompaña, nos guía, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. Jesús resucitado está cerca de los cristianos perseguidos y discriminados; está cerca de cada hombre y cada mujer que sufre. Está cerca de todos nosotros, también hoy está aquí con nosotros en la plaza; el Señor está con nosotros. ¿Vosotros creéis esto? Entonces lo decimos juntos: ¡El Señor está con nosotros!
Jesús, cuando vuelve al cielo, lleva al Padre un regalo. ¿Cuál es el regalo? Sus llagas. Su cuerpo es bellísimo, sin las señales de los golpes, sin las heridas de la flagelación, pero conserva las llagas. Cuando vuelve al Padre le muestra las llagas y le dice: «Mira Padre, este es el precio del perdón que tú das». Cuando el Padre contempla las llagas de Jesús nos perdona siempre, no porque seamos buenos, sino porque Jesús ha pagado por nosotros. Contemplando las llagas de Jesús, el Padre se hace más misericordioso. Este es el gran trabajo de Jesús hoy en el cielo: mostrar al Padre el precio del perdón, sus llagas. Esto es algo hermoso que nos impulsa a no tener miedo de pedir perdón; el Padre siempre perdona, porque mira las llagas de Jesús, mira nuestro pecado y lo perdona.
Pero Jesús está presente también mediante la Iglesia, a quien Él envió a prolongar su misión. La última palabra de Jesús a los discípulos es la orden de partir: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28, 19). Es un mandato preciso, no es facultativo. La comunidad cristiana es una comunidad «en salida». Es más: la Iglesia nació «en salida». Y vosotros me diréis: ¿y las comunidades de clausura? Sí, también ellas, porque están siempre «en salida» con la oración, con el corazón abierto al mundo, a los horizontes de Dios. ¿Y los ancianos, los enfermos? También ellos, con la oración y la unión a las llagas de Jesús.
A sus discípulos misioneros Jesús dice: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (v. 20). Solos, sin Jesús, no podemos hacer nada. En la obra apostólica no bastan nuestras fuerzas, nuestros recursos, nuestras estructuras, incluso siendo necesarias. Sin la presencia del Señor y la fuerza de su Espíritu nuestro trabajo, incluso bien organizado, resulta ineficaz. Y así vamos a decir a la gente quién es Jesús.
Y junto con Jesús nos acompaña María nuestra Madre. Ella ya está en la casa del Padre, es Reina del cielo y así la invocamos en este tiempo; pero como Jesús está con nosotros, camina con nosotros, es la Madre de nuestra esperanza.


DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo A. Solemnidad de la Ascensión del Señor.
Artículo 6 "JESUCRISTO SUBIÓ A LOS CIELOS, Y ESTA SENTADO A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODOPODEROSO"
659 "Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios" (Mc 16, 19). El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf. Lc 24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch 10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch 1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16, 12; Lc 24, 15; Jn 20, 14-15; Jn 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch 1, 9; cf. también Lc 9, 34-35; Ex 13, 22) y por el cielo (cf. Lc 24, 51) donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch 2, 33; Hch 7, 56; cf. también Sal 110, 1). Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo "como un abortivo" (1Co 15, 8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol (cf. 1Co 9, 1; Ga 1, 16).
660 El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: "Todavía no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios" (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.
661 Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Solo el que "salió del Padre" puede "volver al Padre": Cristo (cf. Jn 16, 28). "Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre" (Jn 3, 13; cf, Ef 4, 8-10). Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la "Casa el Padre" (Jn 14, 2), a la vida y a la felicidad de Dios. Solo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, "ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino" (MR, Prefacio de la Ascensión).
662 "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí"(Jn 12, 32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, no "penetró en un Santuario hecho por mano de hombre, … sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro" (Hb 9, 24). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. "De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor"(Hb 7, 25). Como "Sumo Sacerdote de los bienes futuros"(Hb 9, 11), es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al Padre en los cielos (cf. Ap 4, 6-11).
663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: "Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada" (San Juan Damasceno, f. o. 4, 2; PG 94, 1104C).
664 Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7, 14). A partir de este momento, los apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino que no tendrá fin" (Símbolo de Nicea-Constantinopla).
RESUMEN
665 La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celeste de Dios de donde ha de volver (cf. Hch 1, 11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres (cf. Col 3, 3).
666 Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con él eternamente.
667 Jesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del cielo, intercede sin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusión del Espíritu Santo.
Artículo 7: "DESDE ALLI HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS"
I. VOLVERA EN GLORIA
Cristo reina ya mediante la Iglesia…
668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm 14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: Posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"(Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4, 10; 1Co 15, 24. 27 - 28) y de la historia. En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1, 10), su cumplimiento transcendente.
669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef 1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef 4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio", "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 3;5).
670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1Jn 2, 18; cf. 1P 4, 7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16, 20).
esperando que todo le sea sometido
671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2Ts 2, 7) a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1Co 15, 28), y "mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (cf. 1Co 16, 22; Ap 22, 17-20).
672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tristeza" (1Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también a la Iglesia(cf. 1P 4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1Jn 2, 18; 1Jn 4, 3; 1Tm 4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).
697 La nube y la luz. Estos dos símbolos son inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Desde las teofanías del Antiguo Testamento, la Nube, unas veces oscura, otras luminosa, revela al Dios vivo y salvador, tendiendo así un velo sobre la transcendencia de su Gloria: con Moisés en la montaña del Sinaí (cf. Ex 24, 15-18), en la Tienda de Reunión (cf. Ex 33, 9 - 10) y durante la marcha por el desierto (cf. Ex 40, 36 - 38; 1Co 10, 1-2); con Salomón en la dedicación del Templo (cf. 1R 8, 10-12). Pues bien, estas figuras son cumplidas por Cristo en el Espíritu Santo. El es quien desciende sobre la Virgen María y la cubre "con su sombra" para que ella conciba y dé a luz a Jesús (Lc 1, 35). En la montaña de la Transfiguración es El quien "vino en una nube y cubrió con su sombra" a Jesús, a Moisés y a Elías, a Pedro, Santiago y Juan, y "se oyó una voz desde la nube que decía: Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle" (Lc 9, 34-35). Es, finalmente, la misma nube la que "ocultó a Jesús a los ojos" de los discípulos el día de la Ascensión (Hch 1, 9), y la que lo revelará como Hijo del hombre en su Gloria el Día de su Advenimiento (cf. Lc 21, 27).
Cristo, Cabeza de este Cuerpo
792 Cristo "es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia" (Col 1, 18). Es el Principio de la creación y de la redención. Elevado a la gloria del Padre, "él es el primero en todo" (Col 1, 18), principalmente en la Iglesia por cuyo medio extiende su reino sobre todas las cosas.
965 Después de la Ascensión de su Hijo, María "estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones" (LG 69). Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, "María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra" (LG 59).
2795 El símbolo del cielo nos remite al misterio de la Alianza que vivimos cuando oramos al Padre. El está en el cielo, es su morada, la Casa del Padre es por tanto nuestra "patria". De la patria de la Alianza el pecado nos ha desterrado (cf Gn 3) y hacia el Padre, hacia el cielo, la conversión del corazón nos hace volver (cf Jr 3, 19-4, 1a; Lc 15, 18. 21). En Cristo se han reconciliado el cielo y la tierra (cf Is 45, 8; Sal 85, 12), porque el Hijo "ha bajado del cielo", solo, y nos hace subir allí con él, por medio de su Cruz, su Resurrección y su Ascensión (cf Jn 12, 32; Jn 14, 2-3; Jn 16, 28; Jn 20, 17; Ef 4, 9-10; Hb 1, 3; Hb 2, 13).

Se dice Credo.
Dicitur Credo.
Oración de los fieles
163. Pidamos a Dios todopoderoso, que ha revestido de honor y de gloria a su Hijo, que escuche la oración de la Iglesia, peregrina aún por la tierra.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que confiese que el Señor reina en los cielos y no se vea cautiva de los bienes de la tierra. Roguemos al Señor.
- Por los que tienen el gobierno de las naciones: Para que Dios les conceda ejercerlo con justicia y espíritu de servicio, y a nosotros nos haga sumisos a sus justas disposiciones. Roguemos al Señor.
- Por los fieles que sufren persecución en este mundo: para que el Señor les acorte la prueba y sean consolados y fortalecidos por la virtud del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.
- Por el pueblo aquí reunido: Para que Dios le manifieste su verdad y en el triunfo de su Hijo lo enriquezca con los bienes eternos. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios eterno, nuestra oración, y pues creemos que el salvador de los hombres está sentado en el trono de tu gloria, concédenos que le sintamos también presente entre nosotros, según tu promesa, hasta el fin de los tiempos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Oh, Dios, cuyo Unigénito, nuestro Sumo Sacerdote, vive para siempre sentado a tu derecha intercediendo por nosotros, concédenos acceder confiadamente al trono de la gracia para alcanzar tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Deus, cuius Unigénitus, Póntifex noster, semper vivens sedet ad déxteram tuam ad interpellándum pro nobis, concéde nos adíre cum fidúcia ad thronum grátiae, ut misericórdiam tuam consequámur. Per Christum.
PREFACIO I DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
El misterio de la Ascensión
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido [hoy], ante el asombro de los ángeles, a lo más alto de los cielos, como Mediador entre Dios y los hombres, como Juez del mundo y Señor del universo.
No se ha ido para desentenderse de nuestra pobreza, sino que nos precede el primero como cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
PRAEFATIO I DE ASCENSIONE DOMINI
De mysterio Ascensionis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia Dóminus Iesus, Rex glóriae, peccáti triumphátor et mortis, mirántibus Angelis, ascéndit (hódie) summa caelórum, Mediátor Dei et hóminum, Iudex mundi Dominúsque virtútum; non ut a nostra humilitáte discéderet, sed ut illuc confiderémus, sua membra, nos súbsequi quo ipse, caput nostrum principiúmque, praecéssit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARISTÍA I o CANON ROMANO.
Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio.
PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANO.
Quando adhibetur Canon Romanus, dicitur Communicántes proprium.
Antífona de comunión Cf. Heb 10, 12
Cristo, ofreciendo un único sacrificio por los pecados, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios. Aleluya.
Antiphona ad communionem Cf. Heb 10, 12
Christus, unam pro peccátis ófferens hóstiam, in sempitérnum sedet in déxtera Dei, allelúia.
Oración después de la comunión
Señor, los dones que hemos recibido de tu altar, enciendan en nuestros corazones el deseo de la patria del cielo y nos hagan llegar, siguiendo los pasos de nuestro Salvador, allí donde él nos ha precedido. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Quae ex altári tuo, Domine, dona percépimus, accéndant in córdibus nostris caeléstis pátriae desidérium, et quo praecúrsor pro nobis introívit Salvátor, fáciant nos, eius vestígia sectántes, conténdere. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Se puede usar la fórmula de bendición solemne.
Ascensión del Señor
Dios todopoderoso, por medio de su Hijo, que ascendió hoy a lo alto de los cielos y os abrió el camino para seguirle hasta su reino, os colme de bendiciones.
R. Amén.
Jesucristo, que después de su resurrección se manifestó visiblemente a sus discípulos, se os manifieste también como Juez benigno cuando vuelva para juzgar al mundo.
R. Amén.
Y a quienes confesáis que está sentado a la derecha del Padre os conceda la alegría de sentir que, según su promesa, está con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijoy Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R.
Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis.
In Ascensione Domini
Benedícat vos omnípotens Deus, cuius Unigénitus hodiérna die caelórum alta penetrávit, et vobis, ubi est ipse, ascendéndi áditum reserávit.
R. Amen.
Concédat ut, sicut Christus post resurrectiónem suam visus est discípulis maniféstus, ita vobis in iudícium véniens appáreat pro aeternitáte placátus.
R. Amen.
Et qui eum consedére Patri in sua créditis maiestáte, ipsum usque in finem saeculi vobíscum permanére secúndum eius promissiónem laeti valeátis experíre.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

Sábado 27 mayo 2017, Sábado de la VI de Pascua, feria, o san Agustín de Canterbury, obispo, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
INSTRUCCIÓN SOBRE LOS MATRIMONIOS MIXTOS * (18-Marzo-1966)


I. - l. Téngase siempre presente el criterio de que es necesario alejar del cónyuge católico el peligro para su fe y que se debe proveer diligentemente a la educación católica de la prole [4].

2. El Ordinario del lugar o el párroco de la parte católica cuide de inculcar en términos graves la obligación de proveer al bautismo católico y a la educación católica de la prole; se asegurará el cumplimiento de esta obligación por medio de una promesa explícita por parte del cónyuge católico, es decir, mediante unas garantías.

3. La parte acatólica, con la debida delicadeza pero en términos claros, debe ser informada sobre la dignidad del matrimonio, y especialmente respecto a sus principales propiedades, como son la unidad y la indisolubilidad.

A esta misma parte acatólica se le debe hacer presente la obligación que tiene el cónyuge católico de tutelar, conservar y profesar su propia fe y de hacer bautizar y educar en ella a la prole que pueda nacer.

Dado que se ha de garantizar esta obligación, invítese también al cónyuge acatólico a prometer, abierta y sinceramente, que no creará obstáculo alguno en el cumplimiento de este deber. Si la parte acatólica opinara que no podría formular esta promesa sin herir su propia conciencia, el Ordinario debe referir el caso con todas sus circunstancias a la Santa Sede.

4. Aunque ordinariamente haya que realizar estas promesas por escrito, sin embargo puede el Ordinario, tanto de forma general como en cada caso, establecer si estas promesas de la parte católica o de la acatólica, o de ambas, se deben dar por escrito o no, como también determinar cómo se ha de hacer mención de ello en los expedientes matrimoniales.

II. En los casos en que, como a veces sucede en ciertas regiones, es imposible la educación católica de la prole, no tanto por voluntad deliberada de los cónyuges cuanto por las leyes y costumbres de los pueblos, a las que las partes no se pueden sustraer, el Ordinario del lugar, habiendo estudiado bien el caso, podrá dispensar de este impedimento, con tal que la parte católica esté dispuesta, en cuanto sepa y pueda, a hacer todo lo posible para que toda la prole que nazca sea bautizada y educada católicamente, e igualmente haya garantía de la buena voluntad de la parte acatólica.

Al conceder estas mitigaciones, la Iglesia está también animada por la esperanza de qué se deroguen las leyes civiles contrarias a la libertad humana, como son las que impiden la educación católica de la prole o el ejercicio de la religión católica, y que, por tanto, en estas materias se reconozca la fuerza del derecho natural.

[4] Cf. can. 1060.

CALENDARIO

27 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA VI SEMANA DE PASCUA o SAN AGUSTÍN DE CANTERBURY, obispo, memoria libre

Misa
de sábado o de la memoria (blanco).
MISAL: para el sábado ants. y oracs. props. / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de pastores (para misioneros u obispos), o del sábado, Pf. Pasc. o de la memoria.
LECC.: vol. II.
- Hch 18, 23-28. Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías.
- Sal 46. R. Dios es el rey del mundo.
- Jn 16, 23b-28. El Padre os quiere porque vosotros me queréis y creéis.
o bien: cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de sábado o de la memoria.

Martirologio: elog. prop. de la solem. de la Ascensión del Señor, pág. 44 y elogs. del 28 de mayo, pág. 333.
CALENDARIOS: Misioneros del Sagrado Corazón: Nuestra Señora del Sagrado Corazón (S). Combonianos: (MO).
León: Dedicación de la iglesia-catedral (F).
Guadix-Baza: Beato Francisco Serrano y compañeros mártires (MO).
Sant Feliu de Llobregat: San Felipe Neri, presbítero (MO-trasladada).
OCSO: San Agustín de Cantorbery, obispo (MO). O. Cist.: (ML).
Dominicos: Beato Andrés Franchi, obispo (ML).
Bilbao: Aniversario de la muerte de Mons. Luis María de Larrea y Legarreta, obispo, emérito (2009).

TEXTOS MISA

Sábado de la VI Semana de Pascua. Sabbato. Hebdómada VI Paschae.
Antífona de entrada Cf. 1 Pe 2, 9
Pueblo adquirido por Dios, anunciad las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Aleluya.
Antiphona ad introitum Cf. 1P 2, 9
Pópulus acquisitiónis, annuntiáte virtútes eius, qui vos de ténebris vocávit in admirábile lumen suum, allelúia.
Oración colecta
Instruye siempre, Señor, nuestros corazones con las buenas obras, para que, orientándonos hacia lo mejor, aspiremos a disfrutar plenamente el Misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Mentes nostras, quaesumus, Dómine, bonis opéribus semper infórma, ut, ad melióra iúgiter contendéntes, paschále mystérium studeámus habére perpétuum. Per Dóminum.

En la memoria de san Agustín de Cantorbery:

Elogio del martirologio
San Agustín, obispo de Canterbury, en Inglaterra, el cual, habiendo sido enviado junto con otros monjes por el papa san Gregorio I Magno para predicar la palabra de Dios a los anglos, fue acogido de buen grado por el rey Etelberto de Kent. Imitando la vida apostólica de la primitiva Iglesia, convirtió al mismo rey y a muchos otros a la fe cristiana, y estableció algunas sedes episcopales en esta tierra. Murió el día veintiséis de mayo. (604/605)

Oración colecta propia. El resto del sábado de Pascua.

27 de mayo
San Agustín de Cantorbery, obispo
Die 27 maii
S. Augustini Cantuariensis, episcopi
Oración colecta
Oh, Dios, que por la predicación del obispo san Agustín de Canterbury llevaste a los pueblos de Inglaterra al Evangelio, te pedimos que los frutos de sus trabajos permanezcan en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui beáti Augustíni epíscopi praedicatióne Anglórum gentes ad Evangélium perduxísti, tríbue, quaesumus, ut eius labórum fructus in Ecclésia tua perénni fecunditáte persístant. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la VI semana de Pascua (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Hch 18, 23-28
Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Pasado algún tiempo en Antioquía, Pablo marchó y recorrió sucesivamente Galacia y Frigia, animando a los discípulos.
Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. Lo habían instruido en el camino del Señor y exponía con entusiasmo y exactitud lo referente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan.
Apolo, pues, se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Áquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Una vez llegado, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 46, 2-3. 8-9. 10 (R.: 8a)
R.
Dios es el rey del mundo. Rex omnis terræ Deus.
O bien: Aleluya.

V. Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R.
Dios es el rey del mundo. Rex omnis terræ Deus.

V. Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R.
Dios es el rey del mundo. Rex omnis terræ Deus.

V. Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R.
Dios es el rey del mundo. Rex omnis terræ Deus.

Aleluya Jn 16, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre. R. Exívi a Patre, et veni in mundum; íterum relínquo mundum, et vado ad Patrem.

EVANGELIO Jn 16, 23b-28
El Padre os quiere porque vosotros me queréis y creéis
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios.
Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, in Ioannem, tract., 102
Pues no debe pedirse en nombre del Salvador nada contrario a nuestra salvación, y la expresión "en mi nombre" no se ha de entender simplemente como suenan las letras o las sílabas, sino en el recto y verdadero sentido; porque el que no piensa de Cristo como Hijo Unigénito de Dios, no pide en su nombre, aunque pronuncie su nombre. Pues en su nombre pide quien le confiesa cuando pide y recibe lo que pide si no es contrario a su eterna salvación. Recibirá, pues, cuando deba recibir, porque hay cosas que no se niegan, pero se difieren hasta el tiempo oportuno. Así deben entenderse estas palabras, "Os dará", aquellos beneficios que convienen propiamente a los que piden. Son oídos por sí mismos todos los santos; pero no para todos, porque no se ha dicho de una manera indeterminada "dará" sino "El os dará", cuando usó de las siguientes palabras: "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre". Esto puede entenderse de dos modos: o bien porque no pedisteis en mi nombre (porque no le conocíais como se debe), o porque pedisteis cosa que en comparación de lo que debisteis pedir, debe considerarse nada. Para que, pues, en su nombre no se pidan naderías, sino pleno gozo, añade: "Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo". Esto que dice de "pleno gozo" no se refiere a lo temporal, sino a lo espiritual; y cuando tan grande fuere que ya no sea posible añadirse nada, entonces será lleno.

Oración de los fieles
197. Oremos, hermanos, a Dios Padre, fuente de toda vida y origen de todo bien, y suplicarle que se compadezca de toda la familia humana.
- Por los recién bautizados, por los que en estos días son más plenamente incorporados a la Iglesia por la confirmación, por los que en esta Pascua han hecho o harán la primera comunión: para que vivan la alegría de la vida cristiana y con su gozo den testimonio del Evangelio. Roguemos al Señor.
- Por los que trabajan en el progreso de la ciencia y de la técnica, por los que tienen en sus manos las riquezas del mundo, por los que gobiernan las naciones: para que pongan al servicio de todos sus logros y sus éxitos. Roguemos al Señor.
- Por los incrédulos y los pecadores; por los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, por los que temen la soledad y la muerte: para que lleguen a descubrir la alegría del anuncio evangélico y vean robustecida su debilidad humana. Roguemos al Señor.
- Por nosotros mismos y por nuestros familiares, amigos y conocidos: para que Cristo el Señor, que quiso sufrir por nosotros el martirio de la cruz, convierta en gozo todos nuestros dolores y sufrimientos. Roguemos al Señor.
Señor Jesús, tú que al manifestarte después de la resurrección diste a tus discípulos la alegría y la paz, a nosotros que confesamos tu resurrección danos también el gozo de ver realizadas nuestras peticiones. Tú que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual y nos transformes en oblación perenne. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Propítius, Dómine, quaesumus, haec dona sanctífica, et, hóstiae spiritális oblatióne suscépta, nosmetípsos tibi pérfice munus aetérnum. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de comunión Jn 17, 24
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste. Aleluya.
Antiphona ad communionem Jn 17, 24
Pater, quos dedísti mihi, volo ut ubi sum ego, et illi sint mecum, ut vídeant claritátem quam dedísti mihi, allelúia.
Oración después de la comunión
Señor, después de recibir el don sagrado del sacramento, te pedimos humildemente que nos haga crecer en el amor que tu Hijo nos mandó realizar en memoria suya. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Súmpsimus, Dómine, sacri dona mystérii, humíliter deprecántes, ut, quae in sui commemoratiónem nos Fílius tuus fácere praecépit, in nostrae profíciant caritátis augméntum. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios propio de la Ascensión del Señor

S
olemnidad de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo, cuando cuarenta días después de la resurrección fue elevado al cielo en presencia de los discípulos, sentándose a la derecha del Padre, hasta que venga en su gloria a juzgar a vivos y muertos.
Elogios del día 28 de mayo
1. En Corinto, en Acaya, santa Helicónides, mártir, que en tiempo del emperador Gordiano, bajo el gobernador Perenne y después bajo su sucesor Justino, fue probada con muchos tormentos, consumando finalmente el martirio con la decapitación (s. III).
2. En Chartres, en la Galia Lugdunense, san Carauno, mártir (s. V).
3. En Urgel, en la Hispania Tarraconense, san Justo, obispo, quien expuso de forma alegórica el Cantar de los Cantares y tomó parte en los concilios hispanos (s. VI).
4. En París, en la Galia, san Germán, obispo, que habiendo sido antes abad de San Sinforiano de Autún, fue llamado a la sede de París y, conservando el estilo de vida monástico, ejerció una fructuosa cura de almas (576).
5*. En el monasterio de Gelona, en la Galia Narbonense, san Guillermo, monje, el cual, habiendo sido personaje muy brillante en la corte imperial, se unió luego con verdadero afecto de amor a san Benito de Aniano y vistió el hábito monástico con gran honestidad de costumbres (812).
6*. En Canterbury, en Inglaterra, beato Lanfranco, obispo, que como monje de Bec, en Normandía fundó una célebre escuela y disputó contra Berengario acerca de la verdad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, y más tarde fue promovido a la sede de Canterbury, donde se afanó en reformar la disciplina de la Iglesia en Inglaterra (1089).
7*. En Pisa, de la Toscana, santa Ubaldesca, virgen, quien durante cincuenta años, desde los dieciséis de edad hasta su muerte, realizó de forma constante y perfecta obras de misericordia en el hospital de su ciudad (1206).
8*. En Castelnuovo de Garfagnana, también en la Toscana, beato Herculano de Piegaro, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, el cual, predicador eximio por su austeridad de vida, resplandeció por su constante abstinencia y la fama de sus milagros (1451).
9*. En Londres, en Inglaterra, beata Margarita Pole, madre de familia y mártir, que siendo condesa de Salisbury y madre del cardenal Reginaldo, bajo el rey Enrique VIII, cuyo divorcio había reprobado, descansó en la paz de Cristo al ser decapitada en la cárcel de la Torre de Londres (1541).
10*. En Florencia, de la Toscana, beata María Bartolomea Bagnesi, virgen, hermana de la Penitencia de Santo Domingo, que soportó muchos y muy duros dolores durante casi cuarenta años (1577).
11*. En Londres, en Inglaterra, beatos Tomás Ford, Juan Shert y Roberto Johnson, presbíteros y mártires, los cuales, habiendo sido falsamente acusados de conjuración ante la reina Isabel I, fueron condenados a muerte y colgados a un mismo tiempo en el patíbulo de Tyburn (1582).
12. En el lugar de Cho Quan, en Conchinchina, san Pablo Hanh, mártir, quien, habiendo olvidado las costumbres cristianas, dirigió una banda de ladrones, pero apresado en tiempo del emperador Tu Duc, confesó que era cristiano, y no siendo apartado de su fe por halagos, azotes, ni por laceraciones con tenazas, culminó su glorioso martirio con la decapitación (1859).
13*. En Sachsenhausen, en Alemania, beato Ladislao Demski, mártir, el cual, siendo polaco de nacimiento, fue internado en el campo de concentración y cruelmente torturado por defender su fe ante los sectarios de las doctrinas que negaban toda la dignidad humana y cristiana (1940).
14*. En la ciudad de Dzialdowo, en Polonia, beato Antonio Julián Nowowiejski, obispo de Plock, quien, habiendo sido recluido en un campo de concentración durante la guerra, emigró al encuentro del Señor consumido por el hambre y las crueles vejaciones (1941).

Formulario Tercero del Matrimonio fuera de la Misa.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo II. CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO FUERA DE LA MISA

FORMULARIO TERCERO

276. Los textos ofrecidos en este formulario recogen las oraciones, textos bíblicos y ritos de la antigua tradición hispánica conservada en la liturgia Hispano-Mozárabe y en muchos antiguos rituales de las diócesis españolas. Su empleo se recomienda particularmente allí donde perviven estas tradiciones.

277. Cuando por necesidad, o porque se estima oportuno, no se celebra Misa, se emplea el ritual aquí descrito; lo emplea también el diácono.

RITOS INICIALES

PRIMER MODO

278. A la hora convenida, el ministro, revestido de alba, o de sobrepelliz, y de estola blanca o festiva, o también de pluvial (o de dalmática el diácono) del mismo color, acompañado de los ayudantes, se dirige a la puerta de la iglesia, recibe a los novios y los saluda afablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría.

279. Luego se hace la procesión hacia el altar: preceden los ayudantes, sigue el ministro, después los novios, a los que, según las costumbres locales, pueden acompañar honoríficamente, por lo menos los padres y dos testigos, hasta el lugar que tienen preparado. Mientras, se entona el canto de entrada o se toca festivamente el órgano u otro instrumento.

280. Respecto al lugar preparado para los novios, conviene tener en cuenta, a ser posible, que queden situados de tal modo que no den la espalda a la asamblea.

281. El ministro se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede.
________________________________________________

SEGUNDO MODO

282. A la hora convenida, el ministro, revestido de alba, o de sobrepelliz, y de estola blanca o festiva, o también de pluvial (o de dalmática el diácono) del mismo color, se dirige, junto con los ayudantes, al lugar preparado para los novios.

283. Cuando los novios han llegado a su lugar, el ministro los recibe y los saluda afablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría.

284. Luego el ministro saluda al altar con una inclinación profunda y va a la sede.
________________________________________________

SALUDO

285. Entonces, el ministro dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden:
Amén.

Luego el ministro saluda a los presentes, diciendo:
El Señor esté siempre con vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:
Y con tu espíritu.
O bien:
Bendito seas por siempre, Señor.

O de otro modo adecuado.

286. Luego saluda brevemente a los novios y a los presentes, para disponerlos a la celebración del Matrimonio, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos:
Llenos de alegría, hemos venido a la casa del Señor para esta celebración, acompañando a N. y N. en el día en que se disponen a celebrar su unión matrimonial. Para ellos este momento es de singular importancia. Por ello, acompañémoslos con nuestro cariño, amistad y oración fraterna. Escuchemos atentamente con ellos la Palabra que Dios nos va a dirigir hoy. Después, con la santa Iglesia, invocaremos a Dios Padre, por Jesucristo nuestro Señor, para que acoja complacido a estos hijos suyos que van a contraer Matrimonio, los bendiga y les conceda vivir en unidad permanente.

O bien:

N. y N., la Iglesia participa de vuestra alegría y os recibe cordialmente junto con vuestros padres y amigos, en el día en que vais a unir para siempre vuestras vidas delante de Dios, nuestro Padre. Que el Señor os escuche en este día de gozo para vosotros; os otorgue su bendición celestial y os proteja. Que os conceda los deseos de vuestro corazón y atienda todas vuestras peticiones.

Otras moniciones alternativas (núms. 343-345).

ORACIÓN

287. Luego, con las manos extendidas, dice esta oración:

Oremos.
Oh Dios,
que llenas con tu bendición
todo lo que es bueno;
bendice a estos hijos tuyos
que hoy unen sus vidas en santo Matrimonio.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

288. Sigue la liturgia de la palabra, en la forma acostumbrada, tomando los textos antes propuestos en el número 162 o bien otros de entre las lecturas indicadas más adelante (núms. 374-419).
Se elegirá siempre por lo menos una de las lecturas que hablen explícitamente del Matrimonio, las cuales están señaladas con un asterisco (*).

289. Luego el ministro, en la homilía, explica, partiendo del texto sagrado, el misterio del Matrimonio cristiano, la dignidad del amor conyugal, la gracia del sacramento y las obligaciones de los cónyuges, atendiendo, sin embargo, a las diversas circunstancias de las personas.
_________________________________________________
(Lecturas del n. 162)

PRIMERA LECTURA
Tomad esposas para vuestros hijos, dad vuestras hijas en matrimonio
Lectura del libro del profeta Jeremías. 29, 5-7

Así dice el Señor:
«Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos. Tomad esposas y engendrad hijos e hijas, tomad esposas para vuestros hijos, dad vuestras hijas en matrimonio, para que engendren hijos e hijas: multiplicaos allí y no disminuyáis. Buscad la prosperidad del país adonde os he deportado y rogad por él al Señor, porque su prosperidad será la vuestra.»

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Sal 127 (128), 1-2. 3. 4-5ac y 6a (R.: 4)
R. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos. R.

SEGUNDA LECTURA
Que la mujer no se separe del marido; y el marido que no se divorcie de su mujer
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. 7, 10-14

Hermanos:
A los ya casados les mando -bueno, no yo, el Señor- que la mujer no se separe del marido. Y si llegara a separarse, que no vuelva a casarse o que haga las paces con su marido, y el marido que no se divorcie de su mujer.
A los demás les hablo yo, no el Señor: si un cristiano está casado con una no cristiana y ella está de acuerdo en vivir con él, que no se divorcie. Y si una mujer está casada con un no cristiano y él está de acuerdo en vivir con ella, que no se divorcie del marido. Porque el marido no cristiano queda consagrado a Dios por su mujer, y la mujer no cristiana queda consagrada por el marido cristiano. Si no fuera así, vuestros hijos estarían contaminados.

Palabra de Dios.

ALELUYA Y VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 66, 7-8
R. Aleluya.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
R. Aleluya.

EVANGELIO
En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos
+ Lectura del santo evangelio según san Juan. 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
«No les queda vino.»
Jesús le contestó:
«Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes:
«Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
«Llenad las tinajas de agua.»
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
«Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.
___________________________________________________

CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO
290. Cuando se celebran dos o más Matrimonios a la vez, el interrogatorio antes del consentimiento, el mismo consentimiento, como también la aceptación del consentimiento, se harán siempre en singular para cada Matrimonio; lo demás, sin excluir la misma bendición nupcial, se dirá una sola vez en plural para todos.

ESCRUTINIO

291. Puestos en pie todos, incluso los novios, y situados los testigos a uno y otro lado, el ministro se dirige a los novios y los interroga acerca de la libertad, la fidelidad y la aceptación de la prole, y cada uno de ellos responde.

V. Conviene que los contrayentes manifestéis públicamente, ante el ministro de la Iglesia y la comunidad cristiana ahora reunida, vuestra determinación:

¿Declaráis que procedéis libre y espontáneamente a la celebración
de este Matrimonio?
R. Lo declaramos.

V. ¿Prometéis guardaros fidelidad mutua, y permanecer unidos hasta que la muerte os separe?
R. Lo prometemos.

V. Prometéis cumplir vuestros deberes matrimoniales y familiares como corresponde a esposos cristianos?
R. Lo prometemos.

CONSENTIMIENTO

292. El ministro los invita a expresar el consentimiento:

Ahora, pues, contraed Matrimonio ante la santa Madre Iglesia, representada por todos los que estamos aquí reunidos.

En primer lugar interroga a la mujer:
N., ¿quieres a N. por tu esposo y marido?
La mujer responde:
Sí, lo quiero.

V. ¿Te entregas por su esposa y mujer?
La mujer responde:
Sí, me entrego.

V. ¿Lo recibes por tu esposo y marido?
La mujer responde:
Sí, lo recibo.

A continuación el ministro interroga al varón:
N., ¿quieres a N. por tu esposa y mujer?
El varón responde:
Sí, la quiero.

V. ¿Te entregas por su esposo y marido?
El varón responde:
Sí, me entrego.

V. ¿La recibes por tu esposa y mujer?
El varón responde:
Sí, la recibo.

CONFIRMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO

293. Luego el ministro que recibe el consentimiento dice a los esposos:

Pues yo, en nombre de la santa Madre Iglesia,
reconozco y confirmo este Matrimonio
que habéis celebrado.
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vuestra unión.
R. Amén.

ACLAMACIÓN DESPUÉS DEL CONSENTIMIENTO

294. Luego el ministro que recibe el consentimiento dice:

Y a vosotros, todos los aquí presentes,
os tomo como testigos
de la unión sagrada entre estos dos esposos.
Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
R. Amén.

BENDICIÓN Y ENTREGA DE ARRAS Y ANILLOS

295. Los anillos se presentan en una bandeja cubierta de un paño blanco junto con trece monedas de oro o plata u otro metal noble.

El ministro dice:
Señor Dios omnipotente,
que ordenaste a Abrahán tu siervo
destinar las arras para Isaac y Rebeca,
como señal de santo Matrimonio,
y así, por la mutua entrega,
representada en los dones,
creciera el número de los hijos:
Te suplicamos que santifiques a tus siervos N. y N.
por la ofrenda común de estas arras
y que los bendigas amorosamente a ellos con sus dones;
para que así, protegidos con tu bendición,
apoyados y unidos por el yugo del amor,
se alegren de estar siempre entre tus fieles servidores.
R. Amén.

BENDICIÓN SOBRE LOS ESPOSOS

296. A continuación el ministro, extendiendo sus manos sobre los esposos, los bendice, diciendo:

El Señor os llene de la dulzura de su temor
y os fecunde con el germen de la santidad.
R. Amén.

V. Vuestra vida exhale la fragancia
y la pureza de las buenas obras
para que vuestro corazón se eleve siempre al cielo.
R. Amén.

V. Conservad con el favor divino
las arras que uno a otro os vais a ofrecer
para que, más estrechamente unidos de corazón
por esta prenda,
tengáis una descendencia siempre virtuosa.
R. Amén.

ENTREGA DE ANILLOS Y ARRAS

297. Después el ministro toma, de la bandeja, el anillo de la esposa y lo entrega al esposo, diciendo:
Pon este anillo a tu esposa,
como señal de fidelidad y amor.

Mientras el esposo pone el anillo a su esposa en el dedo anular de la mano derecha, el ministro bendice la acción, diciendo:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
La esposa responde:
Amén.

A continuación el ministro toma el anillo del esposo y lo entrega a la esposa, diciendo:
Pon este anillo a tu esposo,
como señal de fidelidad y amor.

Mientras la esposa pone el anillo a su esposo en el dedo anular de la mano derecha, el ministro bendice la acción, diciendo:
En el nombre del Padre + y del Hijo y del Espíritu Santo.
El esposo responde:
Amén.

Después el esposo toma las arras de la bandeja y las entrega a su esposa, la cual las recibe con las dos manos abiertas debajo de las de su esposo. Mientras tanto el esposo dice:
N., estas arras te doy en señal de Matrimonio.
La esposa responde:
Yo las recibo.

Después la esposa toma las arras de la bandeja y las entrega a su esposo, el cual las recibe con las dos manos abiertas debajo de las de su esposa. Mientras tanto la esposa dice:
N., estas arras te doy en señal de Matrimonio.
El esposo responde:
Yo las recibo.

ORACIÓN DE LOS FIELES

298. Luego se hace, en la forma acostumbrada, la oración universal (de la cual se proponen algunos modelos en los números 75, 106 y 136):
a) En primer lugar el ministro invita a orar;
b) siguen las invocaciones de la oración universal con la respuesta de los fieles, pero teniendo en cuenta que cada invocación se armonice con la bendición nupcial y no la duplique;
c) si no se distribuye la sagrada comunión, sigue el Padre nuestro;
d) finalmente, omitiendo la oración conclusiva, el ministro invoca la bendición de Dios sobre la esposa y el esposo, lo cual nunca se omite.

V. Oremos a Dios Padre, de quien procede toda paternidad, para que bendiga el amor de estos nuevos esposos y llene con sus dones a toda la familia humana.

Por la santa Iglesia: para que difunda en todas las familias el fermento del Evangelio. Roguemos al Señor.

Por todas las naciones y sus habitantes: para que la paz de Cristo se extienda a toda la familia humana, y los gobernantes sepan subordinar sus ambiciones particulares al bienestar de todos. Roguemos al Señor.

Por cuantos carecen de alimentos, de justicia o de amor; por cuantos padecen a causa de las discordias familiares: para que el Señor sea su fuerza en la tribulación. Roguemos al Señor.

Para que la unión de estos esposos sea ante los hombres un signo vivo del amor de Cristo hacia su Iglesia. Roguemos al Señor.

La siguiente petición se puede omitir si las circunstancias lo aconsejan, por ejemplo, si los esposos son de edad avanzada.
Para que su amor se vea enriquecido con una descendencia feliz. Roguemos al Señor.

Para que todos los Matrimonios, en el amor mutuo y en la fidelidad constante, sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad. Roguemos al Señor.

Si no se distribuye la sagrada comunión, sigue el Padre nuestro.

VELACIÓN NUPCIAL

299. Los esposos permanecen en su lugar, y se arrodillan. Entonces se pone el velo de color blanco y rojo sobre la cabeza de la esposa y los hombros del esposo, simbolizando el vínculo que los une.

BENDICIÓN NUPCIAL

300. A continuación el sacerdote pronuncia sobre ellos la Bendición nupcial, diciendo:

Queridos hermanos:
Invoquemos a Dios que se ha dignado conceder su bendición
para multiplicar la descendencia del género humano.
Que él proteja a estos siervos suyos N. y N.
que ha llamado a la unión conyugal.
Les otorgue sentimientos de paz,
un mismo corazón
y costumbres selladas por el mutuo amor.
Tengan también, por regalo de Dios, la familia deseada,
a ella también alcance esta bendición.
Así N. y N., en humildad de corazón,
puedan servir a quien bien saben es su Creador.
R. Amén.

301. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, continúa:
Oh Dios, que para propagar la familia humana,
ya en los orígenes mismos del mundo
modelaste a la mujer del costado de Adán,
e insinuando la unidad del amor más puro,
hiciste de uno dos, para mostrar que los dos son uno.
Has puesto los primeros cimientos del Matrimonio
de tal modo que el varón abraza en su esposa
una parte de su propio cuerpo,
y no puede pensar que le es extraño
lo que sabe formado de sí mismo.
Míranos propicio desde tu trono del cielo
y atiende con benevolencia nuestras plegarias:
A estos hijos tuyos,
a quienes mediante esta bendición unimos
con el vínculo del Matrimonio,
santifícalos con la gracia del Espíritu Santo
y acompáñalos benignamente con tu amorosa protección.
R. Amén.

V. Concédeles, Señor, mutua armonía de espíritu
en tu santo temor,
y semejante bondad de costumbres
en el amor del uno al otro.
R. Amén.

V. Que se amen, Señor,
y que nunca se aparten de ti.
R. Amén.

V. Que mutuamente se entreguen
el debido amor del cuerpo y del corazón
y que nunca te ofendan al consumar su amor.
R. Amén.

V. Que nunca se desvíen de tus caminos,
sino que te agraden siempre
guardándose entera fidelidad.
R. Amén.

V. Dales, Señor, en abundancia los bienes presentes,
y una santa y generosa descendencia.
R. Amén.

V. Que la dulzura de tu bendición
inunde su cuerpo y su espíritu
de tal modo que el fruto de su unión
sea del agrado de todos
y bendecido por ti.
R. Amén.

V. Dales, Señor, una larga y feliz vida en el presente,
y un constante deseo de la vida eterna que les aguarda.
R. Amén.

V. Dispongan de tal modo los asuntos temporales,
que felizmente deseen los bienes eternos.
R. Amén.

V. Sepan amar los bienes transitorios
de forma que no pierdan los que duran para siempre.
R. Amén.

V. Y así, amándose de verdad,
y sirviéndote a ti, Señor, sinceramente,
vean los hijos de sus hijos,
y después de una larga vida en la tierra,
lleguen, por fin, al reino de los cielos.
R. Amén.
___________________________________________________

Terminada la Bendición nupcial, se quita el velo que cubre la cabeza de la esposa y los hombros del esposo y prosigue la celebración.
___________________________________________________

302. Luego, si no se distribuye la sagrada comunión, el ministro, a continuación, bendice al pueblo, diciendo:
Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes,
os bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
R. Amén.

Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.
___________________________________________________

SAGRADA COMUNIÓN

303. Si se distribuye la sagrada comunión, acabada la Bendición nupcial, el ministro se dirige al lugar donde se reserva la Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo deposita sobre el altar y hace genuflexión.

304. Luego introduce la oración dominical con estas palabras u otras semejantes:

Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

Y todos a la vez continúan diciendo el Padre Nuestro.

305. Después el ministro, según la oportunidad, invita a los fieles con estas palabras u otras semejantes:

Daos fraternalmente la paz.

Entonces los esposos y todos se intercambian una señal de paz y de caridad.

306. Después de esto, el ministro hace genuflexión, toma la hostia y, manteniéndola un poco elevada sobre el copón, vuelto hacia los que van a comulgar, dice:

Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y todos los que van a comulgar añaden:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

307. Después se acerca a los que van a comulgar y muestra a cada uno de ellos la hostia un poco elevada, diciendo:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
Amén.
Y recibe la comunión.

308. Mientras se hace la distribución de la sagrada comunión, se puede entonar, según la oportunidad, un canto adecuado (ver núms. 538-541).

309. Terminada la distribución de la comunión, según la oportunidad, se puede guardar un tiempo de sagrado silencio o cantar un salmo o un canto de alabanza.

310. Luego el ministro dice esta oración:

Oremos.
Te pedimos, Dios todopoderoso,
que aumente en estos hijos tuyos
la gracia del sacramento recibido,
y los frutos de esta celebración
lleguen a todos nosotros.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

CONCLUSIÓN DE LA CELEBRACIÓN

311. El rito concluye con la bendición de los esposos y del pueblo, ya sea con la forma sencilla La bendición de Dios, ya sea con la siguiente fórmula u otras semejantes, números 354-355.

312. Al final de la celebración el ministro bendice a los esposos y al pueblo, diciendo:
El Señor os bendiga por nuestra plegaria
y una vuestro corazón
con la atadura indisoluble del amor sincero.
R. Amén.

V. Que florezcáis por la abundancia de los bienes presentes,
fructifiquéis dignamente en vuestros hijos,
y siempre os alegréis con los amigos.
R. Amén.

V. Que os conceda el Señor dones imperecederos,
[dé a vuestros padres largos años de felicidad,]
y a todos, el gozo que no tiene fin.
R. Amén.

V. Y a vosotros, cuantos estáis aquí presentes,
os bendiga Dios todopoderoso,
Padre, + Hijo y Espíritu Santo.
R. Amén.

RITO DE DESPEDIDA

313. Terminada la celebración, el ministro se acerca a los esposos, les indica que se den la mano derecha, y dice al esposo:
Compañera te doy, y no sierva:
ámala como Cristo ama a su Iglesia.

A continuación despide a los presentes, diciendo:
Hermanos:
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, id en paz.
Todos responden:
Demos gracias a Dios.

314. Terminada la celebración, los testigos y el ministro firman el acta de Matrimonio. El acto de firmar puede hacerse en la sacristía o en presencia del pueblo; pero no debe hacerse sobre el altar.