sábado, 18 de abril de 2015

Sábado 23 mayo 2015, Vigilia de Pentecostés, solemnidad.

SOBRE LITURGIA

Del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia

Pentecostés

El domingo de Pentecostés


156. El tiempo pascual concluye en el quincuagésimo día, con el domingo de Pentecostés, conmemorativo de la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles (cfr. Hech 2, 1-4), de los comienzos de la Iglesia y del inicio de su misión a toda lengua, pueblo y nación. Es significativa la importancia que ha adquirido, especialmente en la catedral, pero también en las parroquias, la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia, que tiene el carácter de una oración intensa y perseverante de toda la comunidad cristiana, según el ejemplo de los Apóstoles reunidos en oración unánime con la Madre del Señor.

Exhortando a la oración y a la participación en la misión, el misterio de Pentecostés ilumina la piedad popular: también esta "es una demostración continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Éste enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelentes que dan valor a la piedad cristiana. El mismo Espíritu ennoblece las numerosas y variadas formas de transmitir el mensaje cristiano según la cultura y las costumbres de cualquier lugar, en cualquier momento histórico".

Con fórmulas conocidas que vienen de la celebración de Pentecostés (Veni, creator Spiritus; Veni, Sancte Spiritus) o con breves súplicas (Emitte Spiritum tuum et creabuntur...), los fieles suelen invocar al Espíritu, sobre todo al comenzar una actividad o un trabajo, o en situaciones especiales de angustia. También el rosario, en el tercer misterio glorioso, invita a meditar en la efusión del Espíritu Santo. Los fieles, además, saben que han recibido, especialmente en la Confirmación, el Espíritu de sabiduría y de consejo que les guía en su existencia, el Espíritu de fortaleza y de luz que les ayuda a tomar las decisiones importantes y a afrontar las pruebas de la vida. Saben que su cuerpo, desde el día del Bautismo, es templo del Espíritu Santo, y que debe ser respetado y honrado, también en la muerte, y que en el último día la potencia del Espíritu lo hará resucitar.

Al tiempo que nos abre a la comunión con Dios en la oración, el Espíritu Santo nos mueve hacia el prójimo con sentimientos de encuentro, reconciliación, testimonio, deseos de justicia y de paz, renovación de la mente, verdadero progreso social e impulso misionero. Con este espíritu, la solemnidad de Pentecostés se celebra en algunas comunidades como "jornada de sacrificio por las misiones".

CALENDARIO

23
SÁBADO. Después de la hora nona:
VIGILIA DE PENTECOSTÉS


Misa vespertina de la Vigilia de Pentecostés (rojo).
ro MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop., embolismos props. en las PP. EE. No se puede decir la PE IV. Despedida con doble «Aleluya».
LECC.: vol. II.
- Gén 11, 1-9. Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra.
- Sal 32. R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
- Éx 19, 3-8a. 16-20b. El Señor bajó al monte Sinaí, a la vista del pueblo.
- Cántico: Dan 3, 52-56. R. A ti, gloria y alabanza por los siglos.
o bien:
- Sal 18, 8-11. R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
- Ez 37, 1-14. Huesos secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis.
- Sal 106. R. Dad gracias al Señor, porque es eterna tu misericordia.
- Jl 3, 1-5. Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu.
- Sal 103. R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
- Rom 8, 22-27. El Espíritu intercede con gemidos inefables.
- Jn 7, 37-39. Manarán torrentes de agua viva.

* Puede ser conveniente pastoralmente celebrar por la noche la Vigilia de Pentecostés a semejanza de la Vigilia Pascual, con o sin I Vísperas (cf. Misal Romano).
* Si no se celebra la Misa de la Vigilia de forma más extensa se escoge una lectura del Antiguo Testamento entre las cuatro señaladas.

Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio de la solemnidad. Comp. Dom. I.
* Si las I Vísp. preceden inmediatamente a la Misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno «Ven, Espíritu divino», o bien por el canto de entrada con la procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en ambos casos el rito penitencial (cf. OGMR, nn. 133 y 135). Luego sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve, exclusive. A continuación el sacerdote dice la oración colecta. Después de la comunión se canta el Magnificat con su antífona; después se dice la oración después de la comunión y, lo demás, del modo acostumbrado.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de la Santísima e indivisa Trinidad, en la que confesamos y veneramos al único Dios en la Trinidad de personas, y la Trinidad de personas en la unidad de Dios.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Solemnidad
Misa vespertina de la Vigilia
Esta misa se utiliza en la tarde del sábado, antes o después de las primeras vísperas del Domingo de Pentecostés.
DOMINICA PENTECOSTES
Sollemnitas
Ad Missam in Vigilia
Haec Missa adhibetur vespere sabbati sive ante sive post I Vesperas dominicae Pentecostes.
Antífona de entrada Rm 5, 5; 8, 11
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.
Antiphona ad introitum Rm 5, 5; 8, 11
Cáritas Dei diffúsa est in córdibus nostris per inhabitántem Spíritum eius in nobis, allelúia.
Se dice Gloria.
Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés para que los pueblos divididos por el odio y el pecado se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Dios todopoderoso, brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria y que el Espíritu Santo, luz de tu luz, fortalezca los corazones de los regenerados por tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui paschále sacraméntum quinquagínta diérum voluísti mystério continéri, praesta, ut, géntium facta dispersióne, divisiónes linguárum ad unam confessiónem tui nóminis caelésti múnere congregéntur. Per Dóminum.
Vel:
Praesta, quaesumus, omnípotens Deus, ut claritátis tuae super nos splendor effúlgeat, et lux tuae lucis corda eórum, qui per tuam grátiam sunt renáti, Sancti Spíritus illustratióne confírmet. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la Vigilia de Pentecostés

PRIMERA LECTURA
Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra
Lectura del libro del Génesis 11, 1-9

Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí.
Y se dijeron unos a otros:
- “Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos”. Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento.
Y dijeron:
-”Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra”.
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo:
- “Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de los que decidan hacer resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo”.
El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.
Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor.

O bien:
El Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo
Lectura del libro del Éxodo 19, 3-8a. 16-20b

En aquellos días, Moisés subió hacia Dios.
El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:
–«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas:
"Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mi un reino de sacerdotes y una nación santa." Éstas son las palabras que has de decir a los israelitas.»
Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.
Todo el pueblo, a una, respondió:
–«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.»
Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.
Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

O bien:
Huesos secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 1-14

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.
Me preguntó:
–«Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»
Yo respondí:
–«Señor, tú lo sabes.»
Él me dijo:
–«Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor. " »
Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.
Entonces me dijo:
–«Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.7»
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.
Y me dijo:
–«Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

O bien:
Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu
Lectura de la profecía de Joel 3, 1-5

Así dice el Señor:
–«Derramaré mi Espíritu sobre toda carne:
profetizarán vuestros hijos e hijas,
vuestros ancianos soñarán sueños,
vuestros jóvenes verán visiones.
También sobre mis siervos y siervas
derramaré mi Espíritu aquel día.
Haré prodigios en cielo y tierra:
sangre, fuego, columnas de humo.
El sol se entenebrecerá,
la luna se pondrá como sangre,
antes de que llegue el día del Señor,
grande y terrible.
Cuantos invoquen el nombre del Señor
se salvarán.
Porque en el monte de Sión y en Jerusalén quedará un resto;
como lo ha prometido el Señor a los supervivientes que él llamó.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 103, 1-2a. 24. 27-28. 29bc-30 (R.: cf. 30)
R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte Spíritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terræ.
O bien: Aleluya.
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte Spíritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terræ.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte Spíritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terræ.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo;
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte Spíritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terræ.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte Spíritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terræ.

SEGUNDA LECTURA
El Espíritu intercede con gemidos inefables
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 22-27

Hermanos: Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios
Te alabamos, Señor.

ALELUYA
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Veni, Sancte Spíritus, reple tuórum corda fidélium, et tui amóris in eis ignem accénde.

EVANGELIO
Manarán torrentes de agua viva.
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 37-39
Gloria a ti, Señor.

El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba:
- “El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva”. Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

CAPITULO TERCERO: CREO EN EL ESPÍRITU SANTO
683 "Nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino por influjo del Espíritu Santo" (1Co 12, 3). "Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!" (Ga 4, 6). Este conocimiento de fe no es posible sino en el Espíritu Santo. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo. El es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Mediante el Bautismo, primer sacramento de la fe, la Vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia:
El Bautismo nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo (San Ireneo, dem. 7).
684 El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: "que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3). No obstante, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad. San Gregorio Nacianceno, "el Teólogo", explica esta progresión por medio de la pedagogía de la "condescendencia" divina:
El Antiguo Testamento proclamaba muy claramente al Padre, y más obscuramente al Hijo. El Nuevo Testamento revela al Hijo y hace entrever la divinidad del Espíritu. Ahora el Espíritu tiene derecho de ciudadanía entre nosotros y nos da una visión más clara de sí mismo. En efecto, no era prudente, cuando todavía no se confesaba la divinidad del Padre, proclamar abiertamente la del Hijo y, cuando la divinidad del Hijo no era aún admitida, añadir el Espíritu Santo como un fardo suplementario si empleamos una expresión un poco atrevida … Así por avances y progresos "de gloria en gloria", es como la luz de la Trinidad estalla en resplandores cada vez más espléndidos (San Gregorio Nacianceno, or. theol. 5, 26).
685 Creer en el Espíritu Santo es, por tanto, profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo, "que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración gloria" (Símbolo de Nicea - Constantinopla). Por eso se ha hablado del misterio divino del Espíritu Santo en la "teología" trinitaria, en tanto que aquí no se tratará del Espíritu Santo sino en la "Economía" divina.
686 El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Pero es en los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. Entonces, este Designio Divino, que se consuma en Cristo, "primogénito" y Cabeza de la nueva creación, se realiza en la humanidad por el Espíritu que nos es dado: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna.
Artículo 8 "CREO EN EL ESPIRITU SANTO"
687 "Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17).
688 La Iglesia, Comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
- en las Escrituras que El ha inspirado:
- en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales;
- en el Magisterio de la Iglesia, al que El asiste;
- en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en Comunión con Cristo;
- en la oración en la cual El intercede por nosotros;
- en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;
- en los signos de vida apostólica y misionera;
- en el testimonio de los santos, donde El manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.
I. LA MISION CONJUNTA DEL HIJO Y DEL ESPIRITU
689 Aquel al que el Padre ha enviado a nuestros corazones, el Espíritu de su Hijo (cf. Ga 4, 6) es realmente Dios. Consubstancial con el Padre y el Hijo, es inseparable de ellos, tanto en la vida íntima de la Trinidad como en su don de amor para el mundo. Pero al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e individible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su aliento: misión conjunta en la que el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta, Imagen visible de Dios invisible, pero es el Espíritu Santo quien lo revela.
690 Jesús es Cristo, "ungido", porque el Espíritu es su Unción y todo lo que sucede a partir de la Encarnación mana de esta plenitud (cf. Jn 3, 34). Cuando por fin Cristo es glorificado (Jn 7, 39), puede a su vez, de junto al Padre, enviar el Espíritu a los que creen en él: El les comunica su Gloria (cf. Jn 17, 22), es decir, el Espíritu Santo que lo glorifica (cf. Jn 16, 14). La misión conjunta y mutua se desplegará desde entonces en los hijos adoptados por el Padre en el Cuerpo de su Hijo: la misión del Espíritu de adopción será unirlos a Cristo y hacerles vivir en él:
"La noción de la unción sugiere … que no hay ninguna distancia entre el Hijo y el Espíritu. En efecto, de la misma manera que entre la superficie del cuerpo y la unción del aceite ni la razón ni los sentidos conocen ningún intermediario, así es inmediato el contacto del Hijo con el Espíritu… de tal modo que quien va a tener contacto con el Hijo por la fe tiene que tener antes contacto necesariamente con el óleo. En efecto, no hay parte alguna que esté desnuda del Espíritu Santo. Por eso es por lo que la confesión del Señorío del Hijo se hace en el Espíritu Santo por aquellos que la aceptan, viniendo el Espíritu desde todas partes delante de los que se acercan por la fe" (San Gregorio Niceno, Spir. 3, 1).
II. EL NOMBRE, LOS APELATIVOS Y LOS SIMBOLOS DEL ESPIRITU SANTO
El nombre propio del Espíritu Santo
691 "Espíritu Santo", tal es el nombre propio de Aquél que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el Bautismo de sus nuevos hijos (cf. Mt 28, 19).
El término "Espíritu" traduce el término hebreo "Ruah", que en su primera acepción significa soplo, aire, viento. Jesús utiliza precisamente la imagen sensible del viento para sugerir a Nicodemo la novedad transcendente del que es personalmente el Soplo de Dios, el Espíritu divino (Jn 3, 5 - 8). Por otra parte, Espíritu y Santo son atributos divinos comunes a las Tres Personas divinas. Pero, uniendo ambos términos, la Escritura, la Liturgia y el lenguaje teológico designan la persona inefable del Espíritu Santo, sin equívoco posible con los demás empleos de los términos "espíritu" y "santo".
Los apelativos del Espíritu Santo
692 Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu Santo, le llama el "Paráclito", literalmente "aquél que es llamado junto a uno", "advocatus" (Jn 14, 16. 26; Jn 15, 26; Jn 16, 7). "Paráclito" se traduce habitualmente por "Consolador", siendo Jesús el primer consolador (cf. 1Jn 2, 1). El mismo Señor llama al Espíritu Santo "Espíritu de Verdad" (Jn 16, 13).
693 Además de su nombre propio, que es el más empleado en el libro de los Hechos y en las cartas de los apóstoles, en San Pablo se encuentran los siguientes apelativos: el Espíritu de la promesa(Ga 3, 14; Ef 1, 13), el Espíritu de adopción (Rm 8, 15; Ga 4, 6), el Espíritu de Cristo (Rm 8, 11), el Espíritu del Señor (2Co 3, 17), el Espíritu de Dios (Rm 8, 9. 14; Rm 15, 19; 1Co 6, 11; 1Co 7, 40), y en San Pedro, el Espíritu de gloria (1P 4, 14).
Los símbolos del Espíritu Santo
694 El agua. El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que, después de la invocación del Espíritu Santo, ésta se convierte en el signo sacramental eficaz del nuevo nacimiento: del mismo modo que la gestación de nuestro primer nacimiento se hace en el agua, así el agua bautismal significa realmente que nuestro nacimiento a la vida divina se nos da en el Espíritu Santo. Pero "bautizados en un solo Espíritu", también "hemos bebido de un solo Espíritu"(1Co 12, 13): el Espíritu es, pues, también personalmente el Agua viva que brota de Cristo crucificado (cf. Jn 19, 34; 1Jn 5, 8) como de su manantial y que en nosotros brota en vida eterna (cf. Jn 4, 10-14; Jn 7, 38; Ex 17, 1-6; Is 55, 1; Za 14, 8; 1Co 10, 4; Ap 21, 6; Ap 22, 17).
695 La unción. El simbolismo de la unción con el óleo es también significativo del Espíritu Santo, hasta el punto de que se ha convertido en sinónimo suyo (cf. 1Jn 2, 20. 27; 2Co 1, 21). En la iniciación cristiana es el signo sacramental de la Confirmación, llamada justamente en las Iglesias de Oriente "Crismación". Pero para captar toda la fuerza que tiene, es necesario volver a la Unción primera realizada por el Espíritu Santo: la de Jesús. Cristo ["Mesías" en hebreo] significa "Ungido" del Espíritu de Dios. En la Antigua Alianza hubo "ungidos" del Señor (cf. Ex 30, 22 - 32), de forma eminente el rey David (cf. 1S 16, 13). Pero Jesús es el Ungido de Dios de una manera única: La humanidad que el Hijo asume está totalmente "ungida por el Espíritu Santo". Jesús es constituido "Cristo" por el Espíritu Santo (cf. Lc 4, 18-19; Is 61, 1). La Virgen María concibe a Cristo del Espíritu Santo quien por medio del ángel lo anuncia como Cristo en su nacimiento (cf. Lc 2, 11) e impulsa a Simeón a ir al Templo a ver al Cristo del Señor(cf. Lc 2, 26-27); es de quien Cristo está lleno (cf. Lc 4, 1) y cuyo poder emana de Cristo en sus curaciones y en sus acciones salvíficas (cf. Lc 6, 19; Lc 8, 46). Es él en fin quien resucita a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 1, 4; Rm 8, 11). Por tanto, constituido plenamente "Cristo" en su Humanidad victoriosa de la muerte (cf. Hch 2, 36), Jesús distribuye profusamente el Espíritu Santo hasta que "los santos" constituyan, en su unión con la Humanidad del Hijo de Dios, "ese Hombre perfecto … que realiza la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13): "el Cristo total" según la expresión de San Agustín.
696 El fuego. Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la Vida dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. El profeta Elías que "surgió como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha" (Si 48, 1), con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo (cf. 1R 18, 38-39), figura del fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista, "que precede al Señor con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17), anuncia a Cristo como el que "bautizará en el Espíritu Santo y el fuego" (Lc 3, 16), Espíritu del cual Jesús dirá: "He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviese encendido!" (Lc 12, 49). Bajo la forma de lenguas "como de fuego", como el Espíritu Santo se posó sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él (Hch 2, 3-4). La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo (cf. San Juan de la Cruz, Llama de amor viva). "No extingáis el Espíritu"(1Ts 5, 19).
697 La nube y la luz. Estos dos símbolos son inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Desde las teofanías del Antiguo Testamento, la Nube, unas veces oscura, otras luminosa, revela al Dios vivo y salvador, tendiendo así un velo sobre la transcendencia de su Gloria: con Moisés en la montaña del Sinaí (cf. Ex 24, 15-18), en la Tienda de Reunión (cf. Ex 33, 9-10) y durante la marcha por el desierto (cf. Ex 40, 36-38; 1Co 10, 1-2); con Salomón en la dedicación del Templo (cf. 1R 8, 10-12). Pues bien, estas figuras son cumplidas por Cristo en el Espíritu Santo. El es quien desciende sobre la Virgen María y la cubre "con su sombra" para que ella conciba y dé a luz a Jesús (Lc 1, 35). En la montaña de la Transfiguración es El quien "vino en una nube y cubrió con su sombra" a Jesús, a Moisés y a Elías, a Pedro, Santiago y Juan, y "se oyó una voz desde la nube que decía: Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle" (Lc 9, 34-35). Es, finalmente, la misma nube la que "ocultó a Jesús a los ojos" de los discípulos el día de la Ascensión (Hch 1, 9), y la que lo revelará como Hijo del hombre en su Gloria el Día de su Advenimiento (cf. Lc 21, 27).
698 El sello es un símbolo cercano al de la unción. En efecto, es Cristo a quien "Dios ha marcado con su sello" (Jn 6, 27) y el Padre nos marca también en él con su sello (2Co 1, 22; Ef 1, 13; Ef 4, 30). Como la imagen del sello ["sphragis"] indica el carácter indeleble de la Unción del Espíritu Santo en los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden, esta imagen se ha utilizado en ciertas tradiciones teológicas para expresar el "carácter" imborrable impreso por estos tres sacramentos, los cuales no pueden ser reiterados.
699 La mano. Imponiendo las manos Jesús cura a los enfermos(cf. Mc 6, 5; Mc 8, 23) y bendice a los niños (cf. Mc 10, 16). En su Nombre, los Apóstoles harán lo mismo (cf. Mc 16, 18; Hch 5, 12; Hch 14, 3). Más aún, mediante la imposición de manos de los Apóstoles el Espíritu Santo nos es dado (cf. Hch 8, 17-19; Hch 13, 3; Hch 19, 6). En la carta a los Hebreos, la imposición de las manos figura en el número de los "artículos fundamentales" de su enseñanza (cf. Hb 6, 2). Este signo de la efusión todopoderosa del Espíritu Santo, la Iglesia lo ha conservado en sus epíclesis sacramentales.
700 El dedo. "Por el dedo de Dios expulso yo [Jesús] los demonios" (Lc 11, 20). Si la Ley de Dios ha sido escrita en tablas de piedra "por el dedo de Dios" (Ex 31, 18), la "carta de Cristo" entregada a los Apóstoles "está escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón" (2Co 3, 3). El himno "Veni Creator" invoca al Espíritu Santo como "digitus paternae dexterae" ("dedo de la diestra del Padre").
701 La paloma. Al final del diluvio (cuyo simbolismo se refiere al Bautismo), la paloma soltada por Noé vuelve con una rama tierna de olivo en el pico, signo de que la tierra es habitable de nuevo(cf. Gn 8, 8-12). Cuando Cristo sale del agua de su bautismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre él (cf. Mt 3, 16 par.). El Espíritu desciende y reposa en el corazón purificado de los bautizados. En algunos templos, la santa Reserva eucarística se conserva en un receptáculo metálico en forma de paloma (el columbarium), suspendido por encima del altar. El símbolo de la paloma para sugerir al Espíritu Santo es tradicional en la iconografía cristiana.
V. EL ESPÍRITU Y LA IGLESIA EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
Pentecostés
731 El día de Pentecostés (al término de las siete semanas pascuales), la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina: desde su plenitud, Cristo, el Señor (cf. Hch 2, 36), derrama profusamente el Espíritu.
732 En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad. Desde ese día el Reino anunciado por Cristo está abierto a todos los que creen en El: en la humildad de la carne y en la fe, participan ya en la Comunión de la Santísima Trinidad. Con su venida, que no cesa, el Espíritu Santo hace entrar al mundo en los "últimos tiempos", el tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero todavía no consumado:
"Hemos visto la verdadera Luz, hemos recibido el Espíritu celestial, hemos encontrado la verdadera fe: adoramos la Trinidad indivisible porque ella nos ha salvado" (Liturgia bizantina, Tropario de Vísperas de Pentecostés; empleado también en las liturgias eucarísticas después de la comunión)
El Espíritu Santo, El Don de Dios
733 "Dios es Amor" (1Jn 4, 8. 16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rm 5, 5).
734 Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo (2Co 13, 13) es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado.
735 El nos da entonces las "arras" o las "primicias" de nuestra herencia (cf. Rm 8, 23; 2Co 1, 21): la Vida misma de la Santísima Trinidad que es amar "como él nos ha amado" (cf. 1Jn 4, 11-12). Este amor (la caridad de 1Co 13) es el principio de la vida nueva en Cristo, hecha posible porque hemos "recibido una fuerza, la del Espíritu Santo" (Hch 1, 8).
736 Gracias a este poder del Espíritu Santo los hijos de Dios pueden dar fruto. El que nos ha injertado en la Vid verdadera hará que demos "el fruto del Espíritu que es caridad, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza"(Ga 5, 22-23). "El Espíritu es nuestra Vida": cuanto más renunciamos a nosotros mismos (cf. Mt 16, 24-26), más "obramos también según el Espíritu" (Ga 5, 25):
"Por la comunión con él, el Espíritu Santo nos hace espirituales, nos restablece en el Paraíso, nos lleva al Reino de los cielos y a la adopción filial, nos da la confianza de llamar a Dios Padre y de participar en la gracia de Cristo, de ser llamado hijo de la luz y de tener parte en la gloria eterna" (San Basilio, Spir. 15, 36).
El Espíritu Santo y la Iglesia
737 La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su Comunión con el Padre en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la Comunión con Dios, para que den "mucho fruto" (Jn 15, 5. 8. 16).
738 Así, la misión de la Iglesia no se añade a la de Cristo y del Espíritu Santo, sino que es su sacramento: con todo su ser y en todos sus miembros ha sido enviada para anunciar y dar testimonio, para actualizar y extender el Misterio de la Comunión de la Santísima Trinidad (esto será el objeto del próximo artículo):
"Todos nosotros que hemos recibido el mismo y único espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos hemos fundido entre nosotros y con Dios ya que por mucho que nosotros seamos numerosos separadamente y que Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada uno de nosotros, este Espíritu único e indivisible lleva por sí mismo a la unidad a aquellos que son distintos entre sí … y hace que todos aparezcan como una sola cosa en él. Y de la misma manera que el poder de la santa humanidad de Cristo hace que todos aquellos en los que ella se encuentra formen un solo cuerpo, pienso que también de la misma manera el Espíritu de Dios que habita en todos, único e indivisible, los lleva a todos a la unidad espiritual" (San Cirilo de Alejandría, Jo 12).
739 Puesto que el Espíritu Santo es la Unción de Cristo, es Cristo, Cabeza del Cuerpo, quien lo distribuye entre sus miembros para alimentarlos, sanarlos, organizarlos en sus funciones mutuas, vivificarlos, enviarlos a dar testimonio, asociarlos a su ofrenda al Padre y a su intercesión por el mundo entero. Por medio de los sacramentos de la Iglesia, Cristo comunica su Espíritu, Santo y Santificador, a los miembros de su Cuerpo (esto será el objeto de la segunda parte del Catecismo).
740 Estas "maravillas de Dios", ofrecidas a los creyentes en los Sacramentos de la Iglesia, producen sus frutos en la vida nueva, en Cristo, según el Espíritu (esto será el objeto de la tercera parte del Catecismo).
741 "El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8, 26). El Espíritu Santo, artífice de las obras de Dios, es el Maestro de la oración (esto será el objeto de la cuarta parte del Catecismo).

Oración de los fieles
169. Unidos en el Espíritu Santo, oremos, hermanos, a Dios todopoderoso.
- Para que el Señor envíe su Espíritu sobre la Iglesia, la llene de sus dones y la congregue en la unidad. Roguemos al Señor.
- Para que Dios se digne santificar a los obispos, a los sacerdotes y diáconos y les dé el Espíritu de sabiduría. Roguemos al Señor.
- Para que reine la concordia en nuestro pueblo (ciudad), la prudencia, la justicia y la caridad en nuestros gobernantes y la paz duradera entre las naciones. Roguemos al Señor.
- Para que los pobres y los enfermos, los tristes y los abandonados, los emigrantes, los presos y los desempleados reciban en abundancia los bienes de la tierra y el gozo del Espíritu. Roguemos al Señor.
- Para que el Espíritu del Señor sane nuestras debilidades, nos fortalezca en la fe, nos revele toda la verdad y nos lleve al gozo eterno. Roguemos al Señor.
Oh Dios, que en el misterio de esta festividad santificas a la Iglesia, extendida por todas las naciones: escucha la oración de tu pueblo y multiplica los dones de tu Espíritu para que realice también en nosotros las maravillas de Pentecostés. Por Jesucristo nuestro Señor.

Se dice Credo.
Dicitur Credo.
Oración sobre las ofrendas
Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu sobre estos dones que te presentamos, para que, al participar en ellos, tu Iglesia quede inundada de tu amor y sea ante el mundo signo visible de la salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Praeséntia múnera, quaesumus, Dómine, Spíritus tui benedictióne perfúnde, ut per ipsa Ecclésiae tuae ea diléctio tribuátur, per quam salutáris mystérii toto mundo véritas enitéscat. Per Christum.
Prefacio: El misterio de Pentecostés
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio: De mysterio Pentecostes.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus.
Tu enim, sacraméntum paschále consúmmans, quibus, per Unigéniti tui consórtium, fílios adoptiónis esse tribuísti, hódie Spíritum Sanctum es largítus; qui, princípio nascéntis Ecclésiae, et cunctis géntibus sciéntiam índidit deitátis, et linguárum diversitátem in uníus fídei confessióne sociávit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio.
PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANO. Quando adhibetur Canon romanus, dicitur Communicántes proprium.
Antífona de la comunión
El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí y que beba. Aleluya.
Antiphona ad communionem Jn 7, 37
Ultimo festivitátis die, stabat Iesus et clamábat dicens: Si quis sitit, véniat ad me et bibat, allelúia.
Oración después de la comunión
La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Haec nobis, Dómine, múnera sumpta profíciant, ut illo iúgiter Spíritu ferveámus, quem Apóstolis tuis ineffabíliter infudísti. Per Christum.
Se puede utilizar la bendición solemne del Espíritu Santo
El Dios, Padre de los astros, que (en el día de hoy) iluminó las mentes de sus discípulos derramando sobre ellos el Espíritu Santo, os alegre con sus bendiciones y os llene con los dones del Espíritu consolador.
R. Amén.
Que el mismo fuego divino, que de manera admirable se posó sobre los apóstoles, purifique vuestros corazones de todo pecado y los ilumine con su claridad.
R. Amén.
Y que el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas os conceda el don de la perseverancia en esta misma fe, y así poder pasar de la esperanza a la plena visión.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis. De Spiritu Sancto
Deus, Pater lúminum, qui discipulórum mentes Spíritus Parácliti infusióne dignátus est illustráre, sua vos fáciat benedictióne gaudére, et perpétuo donis eiúsdem Spíritus abundáre.
R. Amen.
Ignis ille, qui super discípulos mirándus appáruit, corda vestra ab omni malo poténter expúrget, et sui lúminis infusióne perlústret.
R. Amen.
Quique dignátus est in uníus fídei confessióne diversitátem adunáre linguárum, in eádem fide perseveráre vos fáciat, et per illam a spe ad spéciem perveníre concédat.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

* * *
En las iglesias donde se celebra la misa de la vigilia de forma más extensa, esta misa se puede celebrar del modo siguiente:
a) Si las I Vísperas, rezadas en el coro o en comunidad, preceden inmediatamente a la misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno Ven, Espíritu divino, o bien por el canto de entrada (El amor de Dios) con la procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en uno y otro caso el rito penitencial (cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, nn. 94 y 96).
Luego sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve exclusive.
Después de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según las circunstancias, el Señor, ten piedad, el sacerdote dice la oración:
Dios todopoderoso (segunda de la misa de la vigilia).
b) Si la misa empieza del modo acostumbrado, después del Señor, ten piedad el sacerdote dice la oración:
Dios todopoderoso (segunda de la misa de la vigilia).
A continuación el sacerdote puede exhortar al pueblo con estas palabras u otras semejantes:
Hemos empezado ya, queridos hermanos, la vigilia de Pentecostés; imitando a los apóstoles y discípulos, que, con María, la madre de Jesús, se dedicaban a la oración, esperando el Espíritu prometido por el Señor, escuchemos ahora, con atención y reposadamente, la palabra de Dios. Meditemos los prodigios que hizo Dios en favor de su pueblo y pidamos que el Espíritu Santo, que el Padre envió como primicia para los creyentes, lleve a plenitud su obra en el mundo.
Luego siguen las lecturas propuestas por el Leccionario como de libre elección de manera siguiente:

PRIMERA LECTURA
Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra
Lectura del libro del Génesis 11, 1-9

SALMO RESPONSORIAL
Sal 32, 10-11.12-13.14-15
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

El Señor desbarata los planes de la naciones,
deshace los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor se mantiene por siempre,
los proyectos de su mente por todas las generaciones. R.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que se eligió como herencia.
Desde los cielos mira el Señor
y ve a todos los hombres. R.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra:
él modeló sus corazones y comprende todas sus acciones. R.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:
Oración
Dios todopoderoso, haz que tu Iglesia sea siempre una familia santa, congregada en la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu, que manifieste al mundo el misterio de tu unidad y de tu santidad y lo conduzca a la perfección de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

SEGUNDA LECTURA
El Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo
Lectura del libro del Éxodo 19, 3-8a. 16-20b

Después de la segunda lectura:
Cántico Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56 (R. 52b)
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

O bien: SALMO RESPONSORIAL
Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c)
R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante; R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos; R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

la voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos; R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:
Oración
Oh Dios, que en el monte Sinaí, en medio del resplandor del fuego, diste a Moisés la ley antigua, y que en el día de hoy, con el fuego del Espíritu Santo, manifestaste la nueva Alianza, haz que nuestros corazones ardan en aquel Espíritu que infundiste de modo admirable en los apóstoles, y que el nuevo Israel, reunido de entre todos los pueblos, reciba con alegría el mandamiento eterno de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

TERCERA LECTURA
Huesos secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 1-14

Después de la tercera lectura:
SALMO RESPONSORIAL
Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R. 1)
R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
O bien: Aleluya.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur, oriente y occidente. R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida;
pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación. R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a una ciudad habitada.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes. R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:
Oración
Señor, Dios todopoderoso, que restauras al hombre caído y, una vez restaurado, lo conservas, aumenta el número de los que se renuevan por tu acción santificadora y haz que todos los que reciben la purificación bautismal sean guiados siempre por tu inspiración. Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:
Oh Dios, que por tu palabra de vida nos has engendrado para una vida nueva, derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo, para que, viviendo unidos en una misma fe, lleguemos, por la resurrección, a la gloria de una vida incorruptible. Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:
Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu por la acción de tu Espíritu Santo, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por Jesucristo nuestro Señor.

CUARTA LECTURA
Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu
Lectura de la profecía de Joel 3, 1-5

Después de la cuarta lectura:
SALMO RESPONSORIAL
Sal 103, 1-2a. 24. 27-28. 29bc-30 (R.: cf. 30)
R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
O bien: Aleluya.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo;
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:
Oración
Cumple, Señor, en nosotros tu promesa: derrama tu Espíritu Santo para que nos haga ante el mundo testigos valientes del Evangelio de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Luego el sacerdote entona el himno Gloria a Dios.
Terminado el himno, el sacerdote dice la oración colecta:
Dios todopoderoso y eterno (primera de la misa de la vigilia).
Luego el lector proclama la lectura del Apóstol (Rom 8, 22-27), y la misa continúa del modo acostumbrado.

Se dice Credo.

Oración de los fieles
170. En esta vigilia de la solemnidad de Pentecostés, dejemos que, más que nunca, sea el Espíritu quien ore en nosotros.
R. Oh señor, envía tu Espíritu que renueve la faz de la tierra.
- Para que los hombres sean iluminados por el Espíritu de la verdad, reconozcan la salvación de Dios y confiesen su nombre. Oremos. R.
- Para que los hombres, por la fuerza del Espíritu, vean sus vidas renovadas, sus corazones despiertos y sus manos abiertas. Oremos. R.
- Para que los hombres acojan el soplo del amor del Espíritu, sean misericordiosos, trabajen por la justicia y la paz. Oremos. R.
- Para que los cristianos queden transformados por el Evangelio, sigan siempre sus caminos y proclamen la Buena Nueva en todo el mundo. Oremos. R.
Oh Dios y Padre nuestro, que concedes sin cesar tu Espíritu a nuestra tierra, convierte nuestros corazones para que tu obra de amor y de vida se realice en todos los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.

Si se celebran unidas las Vísperas y la misa, después de la comunión con la antífona El último día de las fiestas, se canta el Magníficat con su antífona de las Vísperas Ven, Espíritu Santo; después se dice la oración después de la comunión y lo demás, del modo acostumbrado.
Si se juzga oportuno se puede dar la bendición solemne.
Para despedir al pueblo el diácono o el mismo sacerdote, dice:
Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.
R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Sábado 23 mayo 2015, Sábado VII semana de Pascua, feria.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO HOMILÉTICO, 29 junio 2014

C. IV domingo de Adviento


96. Con el IV domingo de Adviento, la Navidad está ya muy próxima. La atmósfera de la Liturgia, desde los reclamos corales a la conversión, se traslada a los acontecimientos que circundan el Nacimiento de Jesús. Un cambio de dirección evidenciado en el Prefacio II del tiempo de Adviento. «La Virgen concebirá» es el título de la primera lectura del año A. Cierto es que todas las lecturas, de los profetas a los Apóstoles y a los Evangelios, giran en torno al misterio anunciado a María por el arcángel Gabriel. (Lo que se dice aquí a propósito de los Evangelios de los domingos y de los textos del Antiguo Testamento puede ser aplicado también al Leccionario ferial del 17 al 23 de diciembre).

97. En el Evangelio del año B se lee la narración de la Anunciación de Lucas; a la que sigue, en el mismo evangelio, la Visitación, que se lee en el año C. Estos acontecimientos ocupan un lugar destacado en la devoción de muchos católicos. La primera parte de la oración, el Ave María, considerada entre las más hermosas, se compone de las palabras dirigidas a María por el Arcángel Gabriel y por Isabel. La Anunciación es el primer misterio gozoso del Rosario; la Visitación, el segundo. La oración del Ángelus es una meditación ampliada de la Anunciación, recitada por muchos fieles cada día (por la mañana, al mediodía y por la noche). El encuentro entre el arcángel Gabriel y María, sobre la que desciende el Espíritu Santo, está representado en múltiples obras del arte cristiano. En el IV domingo de Adviento, el homileta tendría que trabajar sobre esta sólida base de la devoción cristiana y, así, conducir a los fieles hacia una comprensión más profunda de estos admirables acontecimientos.

98. «El Ángel del Señor anunció a María. Y concibió por obra del Espíritu Santo». El poder y la fuerza de aquella hora nunca han disminuido. Ahora se siente de nuevo mientras de ella se impregna la asamblea en la que se proclama el Evangelio. Forja la hora peculiar de la celebración comunitaria. Estamos absortos en su Misterio . En cierto modo estamos presentes en la escena. Vemos al ángel que se presenta delante de la Virgen María en Nazaret de Galilea (también la Iglesia está contemplando la escena, siguiendo con estupor el drama de su encuentro, su intercambio de palabras). Mensaje divino, respuesta humana. Pero, mientras observamos, tomamos conciencia de que en esta visión no estamos aceptados sólo como simples espectadores. Cuanto ha sido ofrecido a María (acoger al Hijo de Dios en su seno) nos es ofrecido, en cierto modo, a cada una de las asambleas de fieles y a cada uno de los creyentes en la Liturgia del domingo IV de Adviento. En Navidad, ya dentro de pocos días, se nos va a entregar. Justo como ha dicho Jesús: «El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).

CALENDARIO
23
SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA VII SEMANA DE PASCUA


Misa de sábado (blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Pasc. o de la Ascensión o después de la Ascensión.
LECC.: vol. VII.
- Hch 28, 16-20. 30-31. Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios.
- Sal 10. R. Los buenos verán tu rostro, Señor.
- Jn 21, 20-25. Este es el discípulo que ha escrito todo esto, y su testimonio es verdadero.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elog. prop. de la solemnidad de Pentecostés, pág. 44 y elogs. del 24 de mayo, pág. 324.
CALENDARIOS: Palotinos y Misioneras Cruzadas de la Iglesia: Reina de los Apóstoles (S). Familia Paulina: (F). Monfortianos: (Mo).
Osma-Soria: Beato Julián de San Agustín, religioso (ML).
Paúles e Hijas de la Caridad: Santa Juana Antita y Nouret (ML).

TEXTOS MISA

Sábado de la VII Semana de Pascua
Misa matutina
Sabbato. Hebdómada VII Paschae.
Ad Missam matutinam
Antífona de entrada Hch 1, 14
Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Aleluya.
Antiphona ad introitum Ac 1, 14
Erant discípuli perseverántes unanímiter in oratióne, cum muliéribus et María Matre Iesu, et frátribus eius, allelúia.
Oración colecta
Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de Pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Praesta, quaesumus, omnípotens Deus, ut, qui paschália festa perégimus, haec, te largiénte, móribus et vita teneámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la 7ª semana de Pascua. Misa de la mañana

PRIMERA LECTURA
Vivió en Roma, predicando el reino de Dios

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 28,16-20.30-31

Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase.
Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les dijo:
- «Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas.»
Vivió allí dos años enteros a su propia costa, recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 10, 4. 5 y 7
R.
Los buenos verán tu rostro, Señor. Recti vidébunt vultum tuum, Dómine.

El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R.
Los buenos verán tu rostro, Señor. Recti vidébunt vultum tuum, Dómine.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R.
Los buenos verán tu rostro, Señor. Recti vidébunt vultum tuum, Dómine.

ALELUYA
Jn 16, 7. 13
Os enviaré el Espíritu de la verdad –dice el Señor–; él os enseñará la verdad plena. Mittam ad vos Spíritum veritátis, dicit Dóminus; ille docébit vos omnem veritátem.

EVANGELIO
Éste es el discípulo que ha escrito todo esto, y su testimonio es verdadero 

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 20-25
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús: 
- «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta:
- «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Beato Pablo VI, Audiencia General, 20 II 1974
Cuando comienza uno a interesarse por Jesucristo ya no le puede dejar. Siempre queda algo que saber, algo que decir; queda lo más importante. San Juan Evangelista termina su Evangelio precisamente así (Jn 21, 25). Es tan grande la riqueza de las cosas que se refieren a Cristo, tanta la profundidad que hemos de explorar y tratar de comprender (...), tanta la luz, la fuerza, la alegría, el anhelo que de Él brotan, tan reales son la experiencia y la vida que de Él nos viene, que parece inconveniente, anticientífico, irreverente, dar por terminada la reflexión que su venida al mundo, su presencia en la historia y en la cultura, la hipótesis, por no decir la realidad de su relación vital con nuestra propia conciencia, honestamente exige de nosotros.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo de Pascua después de la Ascensión III
166. Encomendemos, hermanos, a Cristo, nuestro mediador sentado a la diestra del Padre, los deseos y las necesidades de todos los hombres.
- Para que, como María, nuestra madre, la Iglesia medite las palabras de Cristo y transmite el Evangelio de salvación a todos los pueblos. Roguemos al Señor.
- Para que se afiance la paz en el mundo y desaparezcan las discordias y rivalidades. Roguemos al Señor.
- Para que los incrédulos y los pecadores, los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, los que temen la soledad y la muerte, lleguen a descubrir la alegría del anuncio evangélico y vean robustecida su debilidad humana. Roguemos al Señor.
- Para que todos nosotros participemos con mayor abundancia de la vida de Cristo, vid verdadera, y demos frutos de buenas obras. Roguemos al Señor.
Te rogamos, Padre, que permanezcamos en tu amistad a fin de dar buen fruto y poder llegar juntos a la alegría de tu reino. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Que la venida del Espíritu Santo nos prepare, Señor, a participar fructuosamente en tus sacramentos, porque él es el perdón de todos los pecados. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Mentes nostras, quaesumus, Dómine, Spíritus Sanctus advéniens divínis praeparet sacraméntis, quia ipse est remíssio ómnium peccatórum. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de comunión Jn 16, 14
El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando -dice el Señor-. Aleluya.
Antiphona ad communionem Jn 16, 14
Spíritus Sanctus, ille me clarificábit, quia de meo accípiet, et annuntiábit vobis, dicit Dóminus, allelúia.
Oración después de la comunión
Señor de misericordia, escucha nuestras súplicas, y, ya que nos has hecho pasar de los ritos antiguos a los sacramentos de la nueva alianza, ayúdanos a pasar de nuestra antigua vida de pecado a la nueva vida del Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Annue, Dómine, nostris précibus miserátus, ut, sicut de praetéritis ad nova sumus sacraménta transláti, ita, vetustáte depósita, sanctificátis méntibus innovémur. Per Christum.

MARTIROLOGIO
Elogio propio de la solemnidad de Pentecostés
D
ía de Pentecostés, en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas la tribus, lenguas, pueblos y naciones.
Elogios del día 24 de mayo
1. Conmemoración de san Mánahen, hermano de leche del tetrarca Herodes, que era doctor en la Iglesia de Antioquía, en Siria, sobresaliendo como profeta bajo la gracia del Nuevo Testamento (s. I).
2. También conmemoración de la beata Juana, esposa de Cusa, procurador de Herodes, que junto con otras mujeres servía a Jesús y a los apóstoles con sus recursos, y en el día de la Resurrección del Señor encontró removida la losa del sepulcro y lo anunció a los discípulos (s. I).
3. En Listra, en Licaonia (hoy Zoldera, en Turquía), san Zoelo, mártir (s. II/III).
4. En Trieste, en la península de Istria, san Sérvulo, mártir (s. in.).
5. En Nantes, en la Galia Lugdunense, santos hermanos Donaciano y Rogaciano, mártires, de los cuales se narra que el primero había recibido el bautismo y el otro todavía era catecúmeno, pero en el combate final, besando a su hermano, Donaciano rogó a Dios para que el que aún no había podido ser lavado por el bautismo sagrado mereciese ser enjugado en la corriente de su propia sangre (c. 304).
6. Conmemoración de treinta y ocho santos mártires, que, según la tradición, fueron decapitados en Filipópolis, en Tracia (hoy Plovdiv, en Bulgaria), en tiempo de Diocleciano y Maximiano (c. 304).
7. En el monasterio de Lérins, en la Provenza, san Vicente, presbítero y monje, que fue muy célebre por su doctrina cristiana y santidad de vida, y se empeñó con denuedo en el progreso de la fe de los creyentes (c. 450).
8. En el monte Admirable, en Siria, san Simeón Estilita el Joven, presbítero y anacoreta, que vivió sobre una columna en trato íntimo con Cristo, y compuso diversos tratados de temas ascéticos y gozó de carismas espirituales (592).
9*. En Piacenza, en la Emilia, beato Felipe, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, el cual vestía un cota de malla de hierro para castigar la carne con dureza (1306).
10*. En Marruecos, beato Juan de Prado, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que fue enviado a África para prestar auxilio espiritual a los cristianos reducidos a esclavitud en los reinos sarracenos, pero habiendo sido apresado confesó valientemente la fe de Cristo ante el soberano Mulay al-Walid y, por mandato de éste, consumó el martirio por el fuego (1631).
11. En Seúl, en Corea, santos mártires Agustín Yi Kwang-hon, en cuya casa se leían las Sagradas Escrituras; Águeda Kim A-gi, madre de familia, que recibió el bautismo en la cárcel; y sus siete compañeros (Sus nombres son los siguientes: san Damián Nam Myong-hyog, catequista; Magdalena Kim O-bi, Bárbara Han A-gi, Ana Pak A-gi, Águeda Yi So-sa, Lucía Pak Hui-sun y Pedro Kwon Tu-gin.), que fueron todos degollados a causa del nombre cristiano (1839).
12*. En la ciudad de Saint-Hyacinthe, en Canadá, beato Luis Ceferino Moreau, obispo, quien en las diversas actividades de la cura pastoral se exhortaba siempre a sí mismo a sentir ardientemente con la Iglesia (1901).

viernes, 17 de abril de 2015

Viernes 22 mayo 2015, Viernes VII semana de Pascua, feria.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO HOMILÉTICO, 29 junio 2014

93. Es impresionante cómo en las diversas ocasiones en las que Juan Bautista aparece en el Evangelio se repite con frecuencia el núcleo de su mensaje sobre Jesús: «Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo» (Mc 1,8; II domingo B). El Bautismo de Jesús en el Espíritu Santo es la conexión directa entre los textos a los que nos hemos referido hasta ahora y el centro hacia el que este Directorio atrae la atención, es decir, el Misterio Pascual, que se ha cumplido en Pentecostés con la venida del Espíritu Santo sobre todos los que creen en Cristo. El Misterio Pascual viene preparado por la Venida del Hijo Unigénito engendrado en la carne y sus infinitas riquezas serán posteriormente desveladas en el último día. Del niño nacido en un establo y del que vendrá sobre las nubes, Isaías dice: «Sobre él se posará el espíritu del Señor» (Is 11,2; II domingo A); y también, recurriendo a las palabras que el mismo Jesús declarará cumplidas en sí mismo: «El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren» (Is 61,1; III domingo B. Cf. Lc 4,16-21).

94. El Leccionario del tiempo de Adviento es, de hecho, un conjunto de textos del Antiguo Testamento que convencen y que, de modo misterioso, encuentran su cumplimiento en la Venida del Hijo de Dios en la carne. Como siempre, el homileta puede recurrir a la poesía de los profetas para describir a los cristianos aquellos misterios en los que ellos mismos son introducidos a través de las Celebraciones Litúrgicas. Cristo viene continuamente y las dimensiones de su venida son múltiples. Ha venido. Volverá de nuevo en gloria. Viene en Navidad. Viene ya ahora, en cada Eucaristía celebrada a lo largo del Adviento. A todas estas dimensiones se les puede aplicar la fuerza poética de los profetas: «Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará» (Is 35,4; III domingo A). «No temas Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva» (Sof 3,16-17; III domingo C). «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen» (Is 40,1-2; II domingo B).

95. No sorprende, entonces, que el espíritu de espera ansiosa crezca durante las semanas de Adviento; que en el III domingo, los celebrantes se endosan vestiduras de un gozoso rosa claro, y que este domingo toma el nombre de los primeros versos de la antífona de entrada que, desde hace siglos, se canta en este día, con las palabras extraídas de la carta de san Pablo a los Filipenses: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca».

CALENDARIO

22
VIERNES DE LA VII SEMANA DE PASCUA, feria o SANTA JOAQUINA VEDRUNA, religiosa, memoria libre o SANTA RITA DE CASIA, religiosa, memoria libre

Misa de feria o de una de las memorias (blanco).
bl MISAL: para la feria ants. y oracs. props. / para una de las memorias 1ª orac. prop. y el resto de la feria o del común, Pf. Pasc. o de la Ascensión o después de la Ascensión o de las memorias.
LECC.: vol. VII.
- Hch 25, 13b-21. Un tal Jesús ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo.
- Sal 102. R. El Señor puso en el cielo su trono.
- Jn 21, 15-19. Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas.
o bien: cf. vol. V.

Liturgia de las Horas: oficio de la feria o de una de las memorias.

Martirologio: elogs. del 23 de mayo, pág. 323.
CALENDARIOS: Carmelitas de la Caridad: Santa Joaquina Vedruna, religiosa (S). Barcelona, Tarragona, Vic y Claretianos: (MO). Carmelitas y Sant Feliu de Llobregat: (ML).
Agustinos: Santa Rita de Casia, religiosa (F).
Cádiz, Málaga y Capuchinos: Beato Diego José de Cádiz, presbítero (MO).
Mérida-Badajoz: San Antón, obispo (MO).
Camilos: Beata María Domenica Brun Barbantini, religiosa (ML).

TEXTOS MISA

Viernes de la VII Semana de Pascua. Feria sexta. Hebdómada VII Paschae.
Antífona de entrada Ap 1, 5-6
Cristo nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. Aleluya.
Antiphona ad introitum Ap 1, 5-6
Diléxit nos Christus, et lavit nos a peccátis nostris in sánguine suo, et fecit nos regnum et sacerdótes Deo et Patri suo, allelúia.
Oración colecta
Oh Dios, que por la glorificación de Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos has abierto las puertas de tu reino, haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui nobis aeternitátis áditum glorificatióne Christi tui et Sancti Spíritus illuminatióne reserásti, concéde, quaesumus, ut, tanti doni párticeps, devótio nostra profíciat, et ad fídei transferámur augméntum. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la 7ª semana de Pascua.

PRIMERA LECTURA
Un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:
-«Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, corno Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 102, 1-2. 11-12. 19-20ab
R.
El Señor puso en el cielo su trono. Dóminus in cælo parávit sedem suam.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
El Señor puso en el cielo su trono. Dóminus in cælo parávit sedem suam.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
El Señor puso en el cielo su trono. Dóminus in cælo parávit sedem suam.

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes. R.
El Señor puso en el cielo su trono. Dóminus in cælo parávit sedem suam.

ALELUYA
Jn 14, 26
El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. Spíritus Sanctus vos docébit ómnia; súggeret vobis ómnia quæcúmque díxero vobis.

EVANGELIO
Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19
Gloria a ti, Señor.

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: 
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó: 
- «Sí, Señor, tú, sabes que te quiero.»
Jesús le dice: 
- «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta:
- «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta: 
- «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: 
- «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: 
- «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: 
- «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: 
- «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.»
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió: 
- «Sígueme.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios 19
A la vista de nuestras infidelidades, a a vista de tantas equivocaciones, de flaquezas, de cobardías -cada uno las suyas-, repitamos de corazón al Señor aquellas contritas exclamaciones de Pedro: Domine, tu omnia nosti, tu scis quia amo te! (Jn 21, 17); ¡Señor!, ¡Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo, a pesar de mis miserias! Y me atrevo a añadir: Tú conoces que te amo, precisamente por esas miserias mías, pues me llevan a apoyarme en Ti, que eres la fortaleza: quia Tu es, Deus, fortitudo mea (Sal 43, 2). Y desde ahí, recomencemos.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo de Pascua después de la Ascensión IV
167. Teniendo por intercesor delante del Padrea Jesús resucitado, y sabiendo que es el Espíritu quien ora en nosotros, pidamos por las necesidades delos hombres.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea congregada en la unidad y crezca por la fuerza del Espíritu, anunciando a los hombres la salvación de Jesucristo. Roguemos al Señor.
- Por todos los cristianos que sufren a causa de su fe: para que el Espíritu de Jesucristo resucitado les mantenga fieles a la verdad y al bien por encima de todas las injusticias e incomprensiones. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren sin esperanza, por los que buscan sin tener fe, por los que aman a Dios sin saberlo: para que el Espíritu consolador colme sus anhelos de felicidad y salud. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que logremos unas celebraciones de la Eucaristía llenas de fe, plenamente participadas, que expresen y fomenten nuestro amor y hermandad en Cristo. Roguemos al Señor.
Danos, Señor, una plena vivencia del misterio pascual para que la alegría que experimentamos en estas fiestas sea siempre nuestra fuerza y nuestra salvación. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Mira complacido, Señor, las ofrendas de tu pueblo, y haz que el Espíritu Santo nos purifique para que podamos presentarte un sacrificio agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Hóstias pópuli tui, quaesumus, Dómine, miserátus inténde, et, ut tibi reddántur accéptae, consciéntias nostras Sancti Spíritus emúndet advéntus. Per Christum.
PREFACIO II DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
El misterio de la Ascensión

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Que después de su resurrección se apareció visiblemente a todos sus discípulos y, ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE ASCENSIONE DOMINI
De mysterio Ascensionis

Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui post resurrectiónem suam ómnibus discípulis suis maniféstus appáruit, et ipsis cernéntibus est elevátus in caelum, ut nos divinitátis suae tribúeret esse partícipes.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de comunión Jn 16, 13
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena -dice el Señor-. Aleluya.
Antiphona ad communionem Jn 16, 13
Cum vénerit Spíritus veritátis, docébit vos omnem veritátem, dicit Dóminus, allelúia.
Oración después de la comunión
Tus sacramentos, Señor, nos han purificado y alimentado; haz que nuestra participación en la eucaristía nos lleve también a la posesión de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Deus, cuius mystériis mundámur et páscimur, tríbue, quaesumus, ut eórum nobis indúlta reféctio vitam cónferat sempitérnam. Per Christum.

MARTIROLOGIO
Elogios del día 23 de mayo

1. En Cartago, santos Lucio, Montano, Juliano, Victórico, Víctor y Donaciano, mártires, que en tiempo del emperador Valeriano consumaron el martirio a causa de la religión y la fe que habían aprendido por enseñanza de san Cipriano (c. 259).
2. Conmemoración de los santos mártires de Capadocia, que en la persecución bajo el emperador Maximiano fueron muertos quebrándoles las piernas (303).
3. También conmemoración de los santos mártires de Mesopotamia que, en la misma época, colgados por los pies y con la cabeza hacia abajo, murieron ahogados por el humo y consumidos a fuego lento (303).
4. En Langres, en la Galia Lugdunense, martirio de san Desiderio, obispo, de quien se narra que al constatar que su grey era vejada por los vándalos, se dirigió a su rey para suplicar por ella, pero fue condenado a muerte por aquél y se entregó libremente por las ovejas que le habían sido confiadas (c. 355).
5. En Nápoles, en la Campania, san Efebo, obispo, que gobernó santamente al pueblo de Dios y le sirvió con fidelidad (s. IV).
6. En la región de Nursia, en la Umbría, conmemoración de san Eutiquio, abad, que, según narra el papa san Gregorio I Magno, primero llevó vida solitaria con san Florencio y procuró conducir a muchos hacia Dios a través de la exhortación, y luego gobernó santamente un monasterio cercano (c. 487).
7. Igualmente en Nursia, san Spes, abad, que durante cuarenta años soportó la ceguera con admirable paciencia (c. 517).
8*. En Subiaco, en el Lacio, conmemoración de san Honorato, abad, que gobernó sabiamente el monasterio donde antes había vivido san Benito (s. VI).
9*. En Niza, en la Provenza, san Siagrio, obispo, que edificó un monasterio sobre el sepulcro de san Poncio (787).
10. En Sinada, de Frigia (hoy Çifitkasaba, en Turquía), san Miguel, obispo, el cual, siendo hombre pacífico, favoreció la paz y la concordia entre griegos y latinos, pero fue enviado al exilio lejos de su patria a causa del culto de las imágenes sagradas (826).
11*. En Gembloux, en la comarca de la Lotaringia, en Lieja, sepultura de san Guiberto, monje, que, habiendo abandonado sus insignias militares y abrazado la disciplina de la vida monástica, construyó un cenobio en un terreno de su heredad, entrando él mismo en el monasterio de Gorze (962).
12. En Roma, san Juan Bautista de Rossi, presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los miserables y a los más desfavorecidos, y les imbuyó de santa doctrina (1764).
13*. En la ciudad de Witowo, en Polonia, beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, presbíteros y mártires, los cuales fueron asesinados por los perseguidores de la Iglesia cuando su patria, en tiempo de guerra, estuvo sometida por la fuerza a un poder extranjero (1940).