martes, 21 de octubre de 2014

Martes 25 noviembre 2014, XXXIV semana del Tiempo Ordinario, Misa de feria.

SOBRE LITURGIA

RITUAL DEL BAUTISMO DE NIÑOS
ORIENTACIONES DOCTRINALES Y PASTORALES

INTRODUCCIÓN


Los sacramentos de la iniciación cristiana

1. Por los sacramentos de la iniciación cristiana, los hombres, “libres del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de los hijos de adopción y celebran con todo el pueblo de Dios el memorial de la muerte y resurrección del Señor” (1).

2. En efecto, incorporados a Cristo por el Bautismo, constituyen el pueblo de Dios, reciben el perdón de todos sus pecados y pasan de la condición humana en que nacen como hijos del primer Adán al estado de los hijos adoptivos (2), convertidos en nueva criatura por el agua y el Espíritu Santo. Por esto se llaman y son hijos de Dios (3).
Marcados luego en la Confirmación por el don del Espíritu, son más perfectamente configurados al Señor y llenos del Espíritu Santo, a fin de que, dando testimonio de él ante el mundo, cooperen “a la expansión y dilatación del Cuerpo de Cristo para llevarlo cuanto antes a su plenitud” (4).
Finalmente, participando en la asamblea eucarística, comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, a fin de recibir la vida eterna (5) y expresar la unidad del pueblo de Dios; y, ofreciéndose a sí mismo con Cristo, contribuyen al sacrificio universal, en el cual se ofrece a Dios, a través del Sumo Sacerdote, toda la ciudad redimida (6); y piden que, por una efusión más plena del Espíritu Santo, “llegue todo el género humano a la unidad de la familia de Dios” (7).
Por tanto, los tres sacramentos de la iniciación cristiana se ordenan entre sí para llevar a su pleno desarrollo a los fieles, que “ejercen la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo” (8).

(1) Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 14.
(2) Rom., 8, 15; Gal., 4, 5; cf. Conc. Trid., Sesión VI, Decreto sobre la justificación, cap., 4; Dez. 296 (1524).
(3) Cf. 1 Io 3, 1.
(4) Cf. Conc. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, Ad gentes, n. 36.
(5) Cf. Io, 6, 55.
(6) S. Agustin, De Cívítate Dei, X, 6: PL., 41, 284; Conc. Vat. II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 11; Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros, Presbyterorum ordinis, n. 2.
(7) Cf. Conc. Vat. II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 28.
(8) Cf. ibid., n. 31.

CALENDARIO

25
MARTES DE LA XXXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Feria o SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA, virgen y mártir, M. libre

Misa de feria (verde) o de la memoria (rojo).
ve ro MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5) / para la memoria: 1ª orac. prop. y el resto del común o de un domingo del T.O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV.
- Ap 14, 14-19. Ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura.
- Sal 95. R. El Señor llega a regir la tierra.
- Lc 21, 5-11. No quedará piedra sobre piedra.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 26 de noviembre, pág. 689.
CALENDARIOS: Jaén: Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir (S).
Cartujos: Beata Beatriz, religiosa (MO).
Burgos: San García, abad (ML).
León: Beata Concepción Rodríguez, virgen y mártir (ML).
Sevilla: Santa Flora, virgen y mártir (ML).
Dominicos: Beata Margarita de Savoya-Arcaya, religiosa (ML).
Salesianos: Conmemoración de los padres difuntos.
Burgos: Aniversario de la muerte de Mons. Santiago Martínez Acebes, arzobispo, emérito (2006).

TEXTOS MISA

XXXIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO HEBDOMADA XXXIV “PER ANNUM”
Antífona de entrada Sal 85, 9
Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos, y los que se convierten de corazón.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 84, 9
Loquétur Dóminus pacem in plebem suam, et super sanctos suos, et in eos qui convertúntur ad ipsum.
Oración colecta
Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia, la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Excita, quaesumus, Dómine, tuórum fidélium voluntátes, ut, divíni óperis fructum propénsius exsequéntes, pietátis tuae remédia maióra percípiant. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Año II (par).

PRIMERA LECTURA
Ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura

Lectura del libro del Apocalipsis 14, 14-19

Yo, Juan, miré y en la visión apareció una nube blanca; estaba sentado encima uno con aspecto de hombre, llevando en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Del santuario salió otro ángel y gritó fuerte al que estaba sentado en la nube:
-«Arrima tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura. »
Y el que estaba sentado encima de la nube acercó su hoz a la tierra y la segó.
Otro ángel salió del santuario celeste llevando él también una hoz afilada. Del altar salió otro, el ángel que tiene poder sobre el fuego, y le gritó fuerte al de la hoz afilada:
-«Arrima tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas están en sazón.»
El ángel acercó su hoz a la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar del furor de Dios. Pisotearon el lagar fuera de la ciudad, y del lagar corrió tanta sangre, que subió hasta los bocados de los caballos en un radio de sesenta leguas.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 95, 10. 11-12. 13
R.
El Señor llega a regir la tierra. Venit Dóminus iudicáre terram.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R.
El Señor llega a regir la tierra. Venit Dóminus iudicáre terram.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.
El Señor llega a regir la tierra. Venit Dóminus iudicáre terram.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R.
El Señor llega a regir la tierra. Venit Dóminus iudicáre terram.

ALELUYA
Ap 2, 10c
Sé fiel hasta la muerte -dice el Señor-, y te daré la corona de la vida. Esto fidélis usque ad mortem, dicit Dóminus, et dabo tibi corónam vitæ.

EVANGELIO
No quedará piedra sobre piedra

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 5-11
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
-«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron:
-«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó:
-«Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "El momento está cerca"; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero al final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo:
-«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ángelus 17 de noviembre de 2013
Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas" (v. 19). ¡Cuánta esperanza en estas palabras! Son una llamada a la esperanza y a la paciencia, a saber esperar los frutos seguros de la salvación, confiando en el sentido profundo de la vida y de la historia: las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más grande; el Señor, dueño de la historia, conduce todo a su realización. A pesar de los desórdenes y los desastres que agitan el mundo, el designio de bondad y de misericordia de Dios se cumplirá. Y ésta es nuestra esperanza: andar así, por este camino, en el designio de Dios que se realizará. Es nuestra esperanza.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VII
295. Oremos al Señor, Dios de nuestros padres, para que nos escuche y tenga piedad de nosotros.
- Por la unidad y la libertad de la santa Iglesia católica y apostólica. Roguemos al Señor.
- Por la vida, el ministerio y la salud de nuestro Padre el papa N. y de nuestro obispo N., y por el pueblo y el clero que ama a Cristo. Roguemos al Señor.
- Por la paz y el progreso de las naciones. Roguemos al Señor.
- Por el perdón de nuestros pecados y la liberación de toda violencia, división y peligro. Roguemos al Señor.
- Por esta comunidad, congregada en el nombre de Jesucristo, y por cuantos no han podido venir a esta celebración. Roguemos al Señor.
Te pedimos, Dios de bondad, que escuches nuestras oraciones y derrames sobre nosotros la abundancia de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, estos dones sagrados que nos mandaste consagrar a tu nombre y para que ellos nos hagan gratos a tus ojos, concédenos obedecer siempre tus mandatos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, Dómine, sacra múnera, quae tuo nómini iussísti dicánda, et, ut per ea tuae pietáti reddámur accépti, fac nos tuis semper obodíre mandátis. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV.
Antífona de la comunión Sal 117, 1-2
Alabad al Señor todas las naciones, firme es su misericordia con nosotros.
O bien: Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo -dice el Señor.
Antiphona ad communionem Ps 116, 1-2
Laudáte Dóminum, omnes gentes, quóniam confirmáta est super nos misericórdia eius.
Vel: Mt 28, 20
Ecce ego vobíscum sum ómnibus diébus, usque ad consummatiónem saeculi, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, ya que nos has alegrado con la participación en tu sacramento, no permitas que nos separemos de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Quaesumus, omnípotens Deus, ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, a te numquam separári permíttas. Per Christum.

MARTIROLOGIO
Elogios del día 26 de noviembre

1. En el cementerio de Priscila, en la vía Salaria Nueva de Roma, san Siricio, papa, a quien alaba san Ambrosio como verdadero maestro, ya que, consciente de su responsabilidad sobre todos los obispos, les dio a conocer los documentos de los Padres, confirmándolos con su autoridad apostólica (399).
2. En Adrianópolis, de Paflagonia, san Alipio, diácono y estilita, que murió casi centenario (s. IV).
3. En Constanza, de Suabia, en Germania, san Conrado, obispo, óptimo pastor de su grey, el cual hizo generosa providencia de sus bienes en favor de la Iglesia y de los pobres (975).
4. En Lacedemonia, del Peloponeso, san Nicón, monje, que después de una vida cenobita y eremítica transcurrida en Asia, trabajó con celo evangélico para llevar a la vida cristiana a los habitantes de la isla de Creta, recién liberada del yugo de los sarracenos, y luego recorrió Grecia predicando la penitencia, hasta que falleció en el monasterio de Esparta, fundación suya (998).
5. En el lugar llamado Fratta Polesine, en el territorio de Rodigo, en la región véneta limitando con Venecia, muerte de san Belino, obispo de Padua y mártir, defensor eximio en Iglesia, que cruelmente malherido por unos sicarios, murió a consecuencia de las lesiones recibidas (1151).
6*. En el monasterio Sixt de Canónigos Regulares, en Saboya, beato Poncio de Faucigny, que fue primero abad en Abbondance y, renunciando al cargo, quiso morir como un sencillo religioso (1179).
7. Junto a Fabriano, en el Piceno, de Italia, san Silvestre Gozzolini, abad, que habiendo calado hasta el fondo la vanidad de todas las cosas del mundo, a la vista de la sepultura abierta de un amigo, fallecido poco antes, se fue al eremo, cambiando varias veces de sitio para permanecer más oculto a los hombres, y por fin, en el desierto, junto al monte Fano, trazó las bases de la Congregación de los Silvestrinos, bajo la Regla de san Benito (1267).
8*. En Apt, de la Provenza, beata Delfina, esposa de san Elzear de Sabran, con el cual prometió guardar la castidad, y después de su muerte permaneció en la pobreza y en la oración (1358/1360).
9*. En York, en Inglaterra, beatos mártires Hugo Taylor, presbítero, y Marmaduco Bowes, de los cuales, el primero, aún joven, por haber entrado en Inglaterra siendo sacerdote, y el segundo, en cambio, ya anciano, por haberle ayudado, fueron llevados al suplicio del patíbulo, en tiempo del reinado de Isabel I (1585).
10*. En Biginiano, de Calabria, beato Humilde (Lucas Antonio) Pirozzo, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, famoso por su espíritu de profecía y frecuentes éxtasis (1637).
11. En Roma, en el convento de San Buenaventura, en el Palatino, san Leonardo de Porto Maurizio, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, desbordante de celo por las personas, empleó casi toda su vida en la predicación, en la edición de libros de piedad y en dar más de trescientas misiones en la Urbe, en la isla de Córcega y por toda Italia septentrional (1751).
12. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santos Tomás Dinh Viét Du y Domingo Nguyen Van Xuyên, presbíteros de la Orden de Predicadores y mártires, que por decreto del emperador Minh Mang fueron degollados al mismo tiempo (1839).
13*. En Passano, cerca de Vicenza, en Italia, beata Cayetana Sterni, religiosa, que, habiendo enviudado siendo aún joven, se entregó al servicio de los pobres, fundando la Congregación de las Hermanas de la Divina Voluntad, para atender a los menesterosos y enfermos (1889).
14*. En Roma, beato Jacobo Alberione, presbítero, que, solícito por la evangelización, se dedicó enteramente a poner al servicio de la sociedad humana los instrumentos de comunicación social para promover la verdad de Cristo, fundando, además, la Congregación de la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol (1971).

lunes, 20 de octubre de 2014

Lunes 24 noviembre 2014, San Andrés Dunglac y compañeros, mártires, Memoria obligatoria.

SOBRE LITURGIA

ORDENACIÓN GENERAL DE LA LITURGIA DE LAS HORAS

282. También los responsorios que siguen a las lecturas en el Oficio de lectura piden, por su índole y función, el ser cantados. En el curso del Oficio están dispuestos, no obstante, de forma que mantengan su valor incluso en la recitación privada. Aquellos que han sido provistos de melodías especialmente sencillas y fáciles se podrán cantar con mayor frecuencia que los provenientes de las fuentes litúrgicas.

283. Las lecturas, ya largas ya breves, de por sí no están destinadas a ser cantadas; al proferirlas se ha de atender cuidadosamente a que sean leídas digna, clara y distintamente y que sean percibidas y entendidas fielmente por todos. Por tanto, sólo resulta aceptable para la lectura aquella forma musical que hace posible obtener una mejor audición de las palabras y la inteligibilidad del texto.

284. Los textos que son leídos individualmente por el que preside la asamblea, como las oraciones, son aptos para ser cantados decorosamente, sobre todo en latín. No obstante, esto resultará más difícil en algunas lenguas vernáculas, a no ser que, mediante el canto, las palabras del texto puedan ser percibidas más claramente por todos.

CALENDARIO

24
LUNES. SAN ANDRÉS DUNGLAC Y COMPAÑEROS, mártires, Memoria obligatoria

Misa de la memoria (rojo).
ro MISAL: ants. y oracs. props., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV.
- Ap 14, 1-3. 4b-5. Llevaban grabado en la frente el nombre de Cristo y el de su Padre.
- Sal 23. R. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
- Lc 21, 1-4. Vio una viuda pobre que echaba dos reales.
o bien: vol. V.

Liturgia de las Horas: oficio de la memoria.

Martirologio: elogs. del 25 de noviembre, pág. 688.
CALENDARIOS: Valladolid: San Mateo Alonso de Leciñana, presbítero, y san José Fernández de Ventosa, presbítero, mártires (MO).
Dominicos: Santos Ignacio Delgado, obispo, y compañeros mártires (MO).
Astorga: Beata Erundina de Nuestra Señora del Carmen Colino de Vega, virgen y mártir (ML).
Sevilla: Santa Flora, virgen y mártir (ML).
Familia Franciscana: Conmemoración de todos los difuntos de la Orden.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Memoria de lo santos Andrés Dung Lac, presbítero, y sus compañeros mártires. En una común celebración se venera a los ciento diecisiete mártires de las regiones asiáticas de Tonkín, Annam Cochinchina, regiones de la actual Vietnam, ocho de ellos obispos, otros muchos presbíteros, amén de ingente número de fieles de ambos sexos y de toda condición y edad, todos los cuales prefirieron el destierro, las cárceles, los tormentos y finalmente los extremos suplicios, antes que pisotear la cruz y desviarse de la fe cristiana. (1839)

24 de noviembre
San Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros, mártires
Memoria
Die 24 novembris
Ss. Andreæ Dung La.c, presbyteri, et sociorum, martyrum
Memoria
Martyres in Vietnamia
Antífona de entrada Cf. Ga 6, 14 a; 1Co 1, 18
Dios nos libre de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque el mensaje de la cruz para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios.
Antiphona ad introitum Cf. Ga 6,14; 1Co 1,18
Nobis absit gloriári nisi in cruce Dómini nostri Iesu Christi. Verbum enim crucis nobis, qui salvi facti sumus, virtus Dei est.
Oración colecta
Oh Dios, fuente y origen de toda paternidad, tú hiciste que los santos mártires Andrés y sus compañeros fueran fieles a la cruz de Cristo, con una fidelidad que llegó hasta el derramamiento de su sangre; concédenos, por su intercesión, que difundamos tu amor entre nuestros hermanos y que nos llamemos y seamos de verdad hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, omnis paternitátis fons et orígo, qui beátos mártyres Andréam et sócios eius Cruci Fílii tui usque ad sánguinis effusiónem fidéles effecísti, eórum intercessióne concéde, ut amórem tuum inter fratres propagántes fílii tui nominári et esse valeámus. Per Dóminum.



LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Año II (par).

PRIMERA LECTURA
Llevaban grabado en la frente el nombre de Cristo y el de su Padre

Lectura del libro del Apocalipsis 14, 1-3. 4b-5

Yo, Juan, miré y en la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Oí también un sonido que bajaba del cielo, parecido al estruendo del océano, y como el estampido de un trueno poderoso; era el son de arpistas que tañían sus arpas delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y los ancianos, cantando un cántico nuevo. Nadie podía aprender el cántico fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, los adquiridos en la tierra. Éstos son los que siguen al Cordero adondequiera que vaya; los adquirieron como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero. En sus labios no hubo mentira, no tienen falta.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
R.
Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.
Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R.
Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.
Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

ALELUYA
Mt 24, 42a. 44
Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre. Vigiláte et estóte parati, quia qua nescítis hora Filius hóminis ventúrus est.

EVANGELIO
Vio una viuda pobre que echaba dos reales

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 1-4
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo:
-«Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

De san Josemaría Escrivá, Camino 829
¿No has visto las lumbres de la mirada de Jesús cuando la pobre viuda deja en el templo su pequeña limosna? –Dale tú lo que puedas dar: no está el mérito en lo poco ni en lo mucho, sino en la voluntad con que lo des.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VI
294. Pidamos, hermanos, a Dios nuestro Padre, e cuyas manos están los destinos del universo, que escuche las oraciones de su pueblo.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea fiel a la voluntad de Cristo y se purifique de sus faltas y debilidades. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones: para que trabajen por la paz del mundo, a fin de que todos los pueblos puedan vivir y progresar en justicia, en paz y en libertad. Roguemos al Señor.
- Por los pobres y los afligidos, por los enfermos y los moribundos, y por todos los que sufren: para que encuentren el consuelo y la salud. Roguemos al Señor.
- Por todos los que estamos aquí reunidos: para que perseveremos en la verdadera fe y crezcamos siempre en la caridad. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que por tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo nos has dado el conocimiento de tu verdad: mira con bondad al pueblo que te suplica, líbralo de toda ignorancia y de todo pecado para que llegue a la gloria del reino eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Padre santo, los dones que te ofrecemos en la veneración del martirio de los santos vietnamitas, para que, en medio de las dificultades de nuestra vida, permanezcamos siempre fieles a ti y hagamos de nosotros mismos un sacrificio agradable a tus ojos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, sancte Pater, múnera quae offérimus, passiónem venerántes sanctórum mártyrum, ut inter advérsa vitae nostrae, fidéles tibi semper inveníri mereámur et hóstiam tibi acceptábilem nosmetípsos exhibére. Per Christum.
PREFACIO COMÚN IV
Nuestra misma acción de gracias es un don de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación, por Cristo, Señor nuestro.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO COMMUNIS IV
De laude, dono Dei
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia, cum nostra laude non égeas, tuum tamen est donum quod tibi grates rependámus, nam te non augent nostra praecónia, sed nobis profíciunt ad salútem, per Christum Dóminum nostrum.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de la comunión Mt 5, 10
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Antiphona ad communionem Mt 5,10
Beáti qui persecutiónem patiúntur propter iustítiam, quóniam ipsórum est regnum caelórum.
Oración después de la comunión
Después de haber sido alimentados con un mismo y único pan, en la conmemoración de los santos mártires, te pedimos humildemente, Señor, que nos mantengamos unidos en tu amor y que, con nuestra constancia en las pruebas, alcancemos finalmente la recompensa eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Uníus panis alimónia refécti, in commemoratióne sanctórum mártyrum, te, Dómine, supplíciter deprecámur, ut, in tua dilectióne unánimes manéntes, patiéntiae praemium mereámur cónsequi aetérnum. Per Christum.

MARTIROLOGIO
Elogios del día 25 de noviembre
S
anta Catalina, mártir, que, según la tradición, fue una virgen de Alejandría dotada tanto de agudo ingenio y sabiduría como de fortaleza de ánimo. Su cuerpo se venera piadosamente en el célebre monasterio del monte Sinaí (s. inc.).
2. En Cesarea de Capadocia, san Mercurio, mártir (250).
3. En Roma, conmemoración de san Moisés, presbítero y mártir, que en tiempo del emperador Decio, al ser martirizado el papa san Fabián, juntamente con el colegio de presbíteros cuidó de los hermanos en la Iglesia, determinó que debía otorgarse la reconciliación a los lapsos enfermos y moribundos y, durante el largo tiempo que estuvo retenido en la cárcel, frecuentemente les consolaba con las cartas de san Cipriano de Cartago, siendo coronado finalmente con un martirio glorioso y admirable (251).
4. En Alejandría, en Egipto, san Pedro, obispo y mártir, que, dotado de todas las virtudes, fue decapitado por mandato del emperador Galerio Maximiano, viniendo a ser la última víctima de la gran persecución y como el sello de los mártires. Con él se conmemoran tres obispos egipcios, que son Hesiquio, Pacomio y Teodoro, junto con otros muchos que, también en Alejandría, sufrieron en la misma persecución y subieron al cielo por medio de cruel espada (305/311).
5. En Numidia, san Márculo, obispo, que, según la tradición, murió mártir en tiempo del emperador Constante, despeñado desde una roca por un tal Macario (347).
6*. En la región de Agen, en Aquitania, san Maurino, mártir, que, dedicado a la evangelización de la gente del campo, fue despiadadamente destrozado por los paganos, según dicen las crónicas (s. VI).
7*. En la región de Valence, en la Galia, beata Beatriz de Ornacieux, virgen de la Orden Cartujana, insigne por el amor a la Cruz, que vivió y murió con pobreza extrema en el monasterio de Eymeu, fundado por ella (1303/1309).
8*. En Reute, de Suabia, en Germania, beata Isabel Achler, por sobrenombre “Buena”, virgen, que, viviendo como una reclusa de la Tercera Orden Regular de San Francisco, cultivó en grado admirable la humildad, la pobreza y la mortificación corporal (1420).
9. En Seúl, en Corea, san Pedro Yi Hoyong, mártir, que, siendo catequista, fue hecho prisionero por unos sicarios, juntamente con su hermana santa Águeda Yi So-sa, y permaneciendo firme en la confesión de la fe, después de quebrarle por tres veces los huesos le mantuvieron cuatro años en la cárcel, donde finalmente murió, siendo el primero del glorioso escuadrón de los mártires (1838).
10*. En Puebla de Híjar, población cercana a Teruel, en España, beato Jacinto Serrano López, de la Orden de Predicadores y mártir, que fue fusilado en la persecución contra la Iglesia. Con él se hace conmemoración del beato mártir Santiago Meseguer Burillo, presbítero de la misma Orden, quien, por Cristo, realizó su glorioso combate en Barcelona, no se sabe exactamente en qué fecha (1936).
11. En el monasterio de Arlanza, en la región de Burgos, en España, memoria de san García, abad (1073).

domingo, 19 de octubre de 2014

Domingo 23 noviembre 2014, Jesucristo, Rey del Universo, Solemnidad

SOBRE LITURGIA

ORDENACIÓN GENERAL DE LA LITURGIA DE LAS HORAS

279. En los números 121-123 se señalan los diversos modos de ejecutar la salmodia, con lo que se logrará la variedad atendiendo no tanto a las circunstancias externas, como al diverso género de los salmos que figuran en una celebración: así será mejor, quizás, escuchar los salmos sapienciales o históricos, mientras que, por el contrario, los himnos o las acciones de gracias exigen de por sí ser cantados. Importa, sobre todo, que la celebración no resulte rígida ni complicada, ni preocupada tan sólo de cumplir con las normas meramente formales, sino que responda a la verdad de la cosa. Hay que esforzarse en primer lugar por que los espíritus están movidos por el deseo de la genuina oración de la Iglesia y resulte agradable celebrar las alabanzas divinas (cf. salmo 146).

280. Los himnos pueden fomentar también la oración de quien recita las Horas, si se distinguen por la excelencia de su arte y doctrinas; de por sí, sin embargo, están destinados a ser cantados, y, por ello, se aconseja que en la medida de lo posible sean proferidos de esta forma en la celebración comunitaria.

281. El responsorio breve después de la lectura en Laudes y Vísperas, del que se habló en el número 49, se destina de por sí al canto, y, por cierto, al canto del pueblo.

CALENDARIO

23 +
XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO, Solemnidad

Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. A él el poder, la gloria y la majestad para siempre, por los siglos de los siglos (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la Solemnidad (blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I.
- Ez 34, 11-12. 15-17. A vosotros mis ovejas voy a juzgar entre oveja y oveja.
- Sal 22. R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
- 1Cor 15, 20-26a. 28. Devolverá a Dios Padre su reino y así Dios lo será todo para todos.
- Mt 25, 31-46. Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Cristo reina ahora y siempre. La solemnidad de hoy sintetiza el misterio de la salvación. Cristo es el Rey del universo y de la historia. En los momentos más tristes de la historia de Israel, el profeta anima a su pueblo a confiar y a esperar. La promesa divina se cumplirá en el futuro Mesías (1 Lect.). Pablo dedica el último capítulo de la segunda carta a la comunidad de Corinto al tema de la resurrección y determina el orden (2 Lect.). Mateo describe el juicio. El juez pone a su derecha a unos y a los otros a su izquierda. Juzgará a cada uno según las obras de misericordia (Ev.).

Liturgia de las Horas: oficio de la Solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del día del 24 de noviembre, pág. 685.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. A él el poder, la gloria y la majestad para siempre, por los siglos de los siglos.

Último domingo del tiempo ordinario
JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Solemnidad
Dominica ultima per annum
DOMINI NOSTRI IESU CHRISTI UNIVERSORUM REGIS
Sollemnitas
Antífona de entrada Ap 5, 12; 1, 6
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
Antiphona ad introitum Ap 5, 12. 1, 6
Dignus est Agnus, qui occísus est, accípere virtútem et divinitátem et sapiéntiam et fortitúdinem et honórem. Ipsi glória et impérium in saecula saeculórum.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti, concéde propítius, ut tota creatúra, a servitúte liberáta, tuae maiestáti desérviat ac te sine fine colláudet. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo. Año A.

PRIMERA LECTURA
A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios:
«Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.
Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones.
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-.
Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido.
Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6
R.
El señor es mi pastor, nada me falta. Dóminus pascit me, en nihil mihi déerit.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R.
El señor es mi pastor, nada me falta. Dóminus pascit me, en nihil mihi déerit.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.
El señor es mi pastor, nada me falta. Dóminus pascit me, en nihil mihi déerit.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.
El señor es mi pastor, nada me falta. Dóminus pascit me, en nihil mihi déerit.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
El señor es mi pastor, nada me falta. Dóminus pascit me, en nihil mihi déerit.

SEGUNDA LECTURA
Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.'
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

ALELUYA
Mc 11, 9b-10a
Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. Benedíctus qui venit in nómine Dómini! Benedíctum quod venit regnum patris nostri David!

EVANGELIO
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?"
Y el rey les dirá:
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
544 El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para "anunciar la Buena Nueva a los pobres" (Lc 4, 18; cf. Lc 7, 22). Los declara bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los cielos" (Mt 5, 3); a los "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11, 25). Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf. Mc 2, 23-26; Mt 21, 18), la sed (cf. Jn 4, 6-7; Jn 19, 28) y la privación (cf. Lc 9, 58). Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf. Mt 25, 31-46).
671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2Ts 2, 7) a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1Co 15, 28), y "mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (cf. 1Co 16, 22; Ap 22, 17-20).
679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todo juicio al Hijo" (Jn 5, 22;cf. Jn 5, 27; Mt 25, 31; Hch 10, 42; Hch 17, 31; 2Tm 4, 1). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3, 17) y para dar la vida que hay en él (cf. Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3, 18; Jn 12, 48); es retribuido según sus obras (cf. 1Co 3, 12-15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (cf. Mt 12, 32; Hb 6, 4-6; Hb 10, 26-31).
2443 Dios bendice a los que ayudan a los pobres y reprueba a los que se niegan a hacerlo: "a quien te pide da, al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda" (Mt 5, 42). "Gratis lo recibisteis, dadlo gratis" (Mt 10, 8). Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres (cf Mt 25, 31-36). La buena nueva "anunciada a los pobres" (Mt 11, 5; Lc 4, 18) es el signo de la presencia de Cristo.
2447 Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espiritual, como perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporal consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25, 31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4):
"El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3, 11). Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros (Lc 11, 41). Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: "id en paz, calentaos o hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?" (St 2, 15-16; cf. 1Jn 3, 17).
2831 Pero la existencia de hombres que padecen hambre por falta de pan revela otra hondura de esta petición. El drama del hambre en el mundo, llama a los cristianos que oran en verdad a una responsabilidad efectiva hacia sus hermanos, tanto en sus conductas personales como en su solidaridad con la familia humana. Esta petición de la Oración del Señor no puede ser aislada de las parábolas del pobre Lázaro (cf Lc 16, 19-31) y del juicio final (cf Mt 25, 31-46).
EL JUICIO FINAL
1038 La resurrección de todos los muertos, "de los justos y de los pecadores" (Hch 24, 15), precederá al Juicio final. Esta será "la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5, 28  - 29). Entonces, Cristo vendrá "en su gloria acompañado de todos sus ángeles, … Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda… E irán estos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna. " (Mt 25, 31. 32. 46).
1039 Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios (cf. Jn 12, 49). El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena:
"Todo el mal que hacen los malos se registra - y ellos no lo saben. El día en que "Dios no se callará" (Sal 50, 3) … Se volverá hacia los malos: "Yo había colocado sobre la tierra, dirá El, a mis pobrecitos para vosotros. Yo, su cabeza, gobernaba en el cielo a la derecha de mi Padre - pero en la tierra mis miembros tenían hambre. Si hubierais dado a mis miembros algo, eso habría subido hasta la cabeza. Cuando coloqué a mis pequeñuelos en la tierra, los constituí comisionados vuestros para llevar vuestras buenas obras a mi tesoro: como no habéis depositado nada en sus manos, no poseéis nada en Mí" (San Agustín, serm. 18, 4, 4).
1040 El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar; sólo El decidirá su advenimiento. Entonces, El pronunciará por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que Su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El juicio final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte (cf. Ct 8, 6).
1041 El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía "el tiempo favorable, el tiempo de salvación" (2Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la "bienaventurada esperanza" (Tt 2, 13) de la vuelta del Señor que "vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído" (2Ts 1, 10).
1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si no omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

Del Papa Francisco, Audiencia general 11 de diciembre de 2013
Creo en la vida eterna
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera iniciar la última serie de catequesis sobre nuestra profesión de fe, tratando la afirmación "Creo en la vida eterna". En especial me detengo en el juicio final. No debemos tener miedo: escuchemos lo que nos dice la Palabra de Dios. Al respecto, leemos en el Evangelio de Mateo: Entonces "cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con Él... serán reunidas ante Él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda... Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna" (Mt 25, 31-33.46). Cuando pensamos en el regreso de Cristo y en su juicio final, que manifestará, hasta sus últimas consecuencias, el bien que cada uno habrá realizado o habrá omitido realizar durante su vida terrena, percibimos encontrarnos ante un misterio que nos sobrepasa, que no logramos ni siquiera imaginar. Un misterio que casi instintivamente suscita en nosotros un sentido de temor, y tal vez también de ansia. Sin embargo, si reflexionamos bien sobre esta realidad, ella ensancha el corazón de un cristiano y constituye un gran motivo de consolación y de confianza.
Al respecto, el testimonio de las primeras comunidades cristianas resuena más sugestivo que nunca. Las mismas, en efecto, acompañaban las celebraciones y las oraciones con la aclamación Maranathà, una expresión formada por dos palabras arameas que, según como se silabeen, se pueden entender como una súplica: "¡Ven, Señor!", o bien como una certeza alimentada por la fe: "Sí, el Señor viene, el Señor está cerca". Es la exclamación en la que culmina toda la Revelación cristiana, al término de la maravillosa contemplación que nos ofrece el Apocalipsis de Juan (cf. Ap 22, 20). En ese caso, es la Iglesia-esposa que, en nombre de toda la humanidad y como primicia, se dirige a Cristo, su esposo, no viendo la hora de ser envuelta por su abrazo: el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y plenitud de amor. Así nos abraza Jesús. Si pensamos en el juicio en esta perspectiva, todo miedo y vacilación disminuye y deja espacio a la espera y a una profunda alegría: será precisamente el momento en el que finalmente seremos juzgados dispuestos para ser revestidos de la gloria de Cristo, como con un vestido nupcial, y ser conducidos al banquete, imagen de la plena y definitiva comunión con Dios.
Un segundo motivo de confianza nos lo da la constatación de que, en el momento del juicio, no estaremos solos. Jesús mismo, en el Evangelio de Mateo, anuncia cómo, al final de los tiempos, quienes le hayan seguido tendrán sitio en su gloria, para juzgar juntamente con Él (cf. Mt 19, 28). El apóstol Pablo, luego, al escribir a la comunidad de Corinto, afirma: "¿Habéis olvidado que los santos juzgarán el universo? (...) Cuánto más, asuntos de la vida cotidiana" (1Co 6, 2-3). Qué hermoso es saber que en esa circunstancia, además de Cristo, nuestro Paráclito, nuestro Abogado ante el Padre (cf. 1Jn 2, 1), podremos contar con la intercesión y la benevolencia de muchos hermanos y hermanas nuestros más grandes que nos precedieron en el camino de la fe, que ofrecieron su vida por nosotros y siguen amándonos de modo indescriptible. Los santos ya viven en presencia de Dios, en el esplendor de su gloria intercediendo por nosotros que aún vivimos en la tierra. ¡Cuánto consuelo suscita en nuestro corazón esta certeza! La Iglesia es verdaderamente una madre y, como una mamá, busca el bien de sus hijos, sobre todo de los más alejados y afligidos, hasta que no encuentre su plenitud en el cuerpo glorioso de Cristo con todos sus miembros.
Una ulterior sugestión nos llega del Evangelio de Juan, donde se afirma explícitamente que "Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios" (Jn 3, 17-18). Entonces, esto significa que el juicio final ya está en acción, comienza ahora en el curso de nuestra existencia. Tal juicio se pronuncia en cada instante de la vida, como confirmación de nuestra acogida con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o bien de nuestra incredulidad, con la consiguiente cerrazón en nosotros mismos. Pero si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos quienes nos condenamos. La salvación es abrirse a Jesús, y Él nos salva. Si somos pecadores –y lo somos todos– le pedimos perdón; y si vamos a Él con ganas de ser buenos, el Señor nos perdona. Pero para ello debemos abrirnos al amor de Jesús, que es más fuerte que todas las demás cosas. El amor de Jesús es grande, el amor de Jesús es misericordioso, el amor de Jesús perdona. Pero tú debes abrirte, y abrirse significa arrepentirse, acusarse de las cosas que no son buenas y que hemos hecho. El Señor Jesús se entregó y sigue entregándose a nosotros para colmarnos de toda la misericordia y la gracia del Padre. Por lo tanto, podemos convertirnos, en cierto sentido, en jueces de nosotros mismos, autocondenándonos a la exclusión de la comunión con Dios y con los hermanos. No nos cansemos, por lo tanto, de vigilar sobre nuestros pensamientos y nuestras actitudes, para pregustar ya desde ahora el calor y el esplendor del rostro de Dios –y estó será bellísimo–, que en la vida eterna contemplaremos en toda su plenitud. Adelante, pensando en este juicio que comienza ahora, ya ha comenzado. Adelante, haciendo que nuestro corazón se abra a Jesús y a su salvación; adelante sin miedo, porque el amor de Jesús es más grande y si nosotros pedimos perdón por nuestros pecados Él nos perdona. Jesús es así. Adelante, entonces, con esta certeza, que nos conducirá a la gloria del cielo.

Del Papa Benedicto XVI, Ángelus, Solemnidad de Cristo, Rey del universo, 23 de noviembre de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos hoy, último domingo del año litúrgico, la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo. Sabemos por los Evangelios que Jesús rechazó el título de rey cuando se entendía en sentido político, al estilo de los "jefes de las naciones" (cf. Mt 20, 25). En cambio, durante su Pasión, reivindicó una singular realeza ante Pilato, que lo interrogó explícitamente: "¿Tú eres rey?", y Jesús respondió: "Sí, como dices, soy rey" (Jn 18, 37); pero poco antes había declarado: "Mi reino no es de este mundo" (Jn 18, 36).
En efecto, la realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y con justicia. El Padre encomendó al Hijo la misión de dar a los hombres la vida eterna, amándolos hasta el supremo sacrificio y, al mismo tiempo, le otorgó el poder de juzgarlos, desde el momento que se hizo Hijo del hombre, semejante en todo a nosotros (cf. Jn 5, 21-22. 26-27).
El evangelio de hoy insiste precisamente en la realeza universal de Cristo juez, con la estupenda parábola del juicio final, que san Mateo colocó inmediatamente antes del relato de la Pasión (cf. Mt 25, 31-46). Las imágenes son sencillas, el lenguaje es popular, pero el mensaje es sumamente importante: es la verdad sobre nuestro destino último y sobre el criterio con el que seremos juzgados. "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis" (Mt 25, 35), etc. ¿Quién no conoce esta página? Forma parte de nuestra civilización. Ha marcado la historia de los pueblos de cultura cristiana: la jerarquía de valores, las instituciones, las múltiples obras benéficas y sociales. En efecto, el reino de Cristo no es de este mundo, pero lleva a cumplimiento todo el bien que, gracias a Dios, existe en el hombre y en la historia. Si ponemos en práctica el amor a nuestro prójimo, según el mensaje evangélico, entonces dejamos espacio al señorío de Dios, y su reino se realiza en medio de nosotros. En cambio, si cada uno piensa sólo en sus propios intereses, el mundo no puede menos de ir hacia la ruina.
Queridos amigos, el reino de Dios no es una cuestión de honores y de apariencias; por el contrario, como escribe san Pablo, es "justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 17). Al Señor le importa nuestro bien, es decir, que todo hombre tenga la vida y que, especialmente sus hijos más "pequeños", puedan acceder al banquete que ha preparado para todos. Por eso, no soporta las formas hipócritas de quien dice: "Señor, Señor", y después no cumple sus mandamientos (cf. Mt 7, 21). En su reino eterno, Dios acoge a los que día a día se esfuerzan por poner en práctica su palabra. Por eso la Virgen María, la más humilde de todas las criaturas, es la más grande a sus ojos y se sienta, como Reina, a la derecha de Cristo Rey. A su intercesión celestial queremos encomendarnos una vez más con confianza filial, para poder cumplir nuestra misión cristiana en el mundo.

De San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa 110-114
Es necesario repetir una y otra vez que Jesús no se dirigió a un grupo de privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios. Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos, cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su profesión u oficio. La vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con El, para realizar -en el lugar donde estamos- su misión divina.
Dios nos llama a través de las incidencias de la vida de cada día, en el sufrimiento y en la alegría de las personas con las que convivimos, en los afanes humanos de nuestros compañeros, en las menudencias de la vida de familia. Dios nos llama también a través de los grandes problemas, conflictos y tareas que definen cada época histórica, atrayendo esfuerzos e ilusiones de gran parte de la humanidad.
111   Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana [Cfr. Tertuliano, Apologeticus, 17 (PL 1, 375)], no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar.
Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese mandamiento nuevo del amor.
Todas las situaciones por las que atraviesa nuestra vida nos traen un mensaje divino, nos piden una respuesta de amor, de entrega a los demás. Cuando venga el Hijo del hombre con toda su majestad y acompañado de todos sus ángeles, sentarse ha entonces en el trono de su gloria, y hará comparecer delante de él a todas las naciones, y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, poniendo las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda.
Entonces el rey dirá a los que estarán a su derecha: venid, benditos de mi padre, a tomar posesión del reino, que os está preparado desde el principio del mundo. Porque yo tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era peregrino, y me hospedasteis; estando desnudo, me cubresteis; enfermo, y me visitasteis; encarcelado, y vinisteis a verme. A lo cual los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos nosotros hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber?, ¿cuándo te hallamos de peregrino y te hospedamos, desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a visitarte? Y el rey en respuesta les dirá: en verdad os digo, siempre que lo hicisteis con algunos de estos mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis [Mt 25, 31-40].
Hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres. Ninguna vida humana es una vida aislada, sino que se entrelaza con otras vidas. Ninguna persona es un verso suelto, sino formamos todos parte de un mismo poema divino, que Dios escribe con el concurso de nuestra libertad.
112   No hay nada que pueda ser ajeno al afán de Cristo. Hablando con profundidad teológica, es decir, si no nos limitamos a una clasificación funcional; hablando con rigor, no se puede decir que haya realidades -buenas, nobles, y aun indiferentes- que sean exclusivamente profanas, una vez que el Verbo de Dios ha fijado su morada entre los hijos de los hombres, ha tenido hambre y sed, ha trabajado con sus manos, ha conocido la amistad y la obediencia, ha experimentado el dolor y la muerte. Porque en Cristo plugo al Padre poner la plenitud de todo ser, y reconciliar por El todas las cosas consigo, restableciendo la paz entre el cielo y la tierra, por medio de la sangre que derramó en la Cruz [Col 1, 19-20].
Hemos de amar el mundo, el trabajo, las realidades humanas. Porque el mundo es bueno; fue el pecado de Adán el que rompió la divina armonía de lo creado, pero Dios Padre ha enviado a su Hijo unigénito para que restableciera esa paz. Para que nosotros, hechos hijos de adopción, pudiéramos liberar a la creación del desorden, reconciliar todas las cosas con Dios.
Cada situación humana es irrepetible, fruto de una vocación única que se debe vivir con intensidad, realizando en ella el espíritu de Cristo. Así, viviendo cristianamente entre nuestros iguales, de una manera ordinaria pero coherente con nuestra fe, seremos Cristo presente entre los hombres.
113   Al considerar la dignidad de la misión a la que Dios nos llama, puede quizá surgir la presunción, la soberbia, en el alma humana. Es una falsa conciencia de la vocación cristiana, la que ciega, la que nos hace olvidar que estamos hechos de barro, que somos polvo y miseria. Que no sólo hay mal en el mundo, a nuestro alrededor, sino que el mal está dentro de nosotros, que anida en nuestro mismo corazón, haciéndonos capaces de vilezas y egoísmos. Sólo la gracia de Dios es roca fuerte: nosotros somos arena, y arena movediza.
Si se recorre con la mirada la historia de los hombres o la situación actual del mundo, causa dolor contemplar que, después de veinte siglos, hay tan pocos que se llaman cristianos, y que, los que se adornan con ese nombre, son tantas veces infieles a su vocación. Hace años, una persona que no tenía mal corazón, pero que no tenía fe, señalado un mapamundi, me comentó: He aquí el fracaso de Cristo. Tantos siglos procurando meter en el alma de los hombres su doctrina, y vea los resultados: no hay cristianos.
No faltan hoy quienes todavía piensan así. Pero Cristo no ha fracasado: su palabra y su vida fecundan continuamente el mundo. La obra de Cristo, la tarea que su Padre le encomendó, se está realizando, su fuerza atraviesa la historia trayendo la verdadera vida, y cuando ya todas las cosas estén sujetas a El, entonces el Hijo mismo quedará sujeto en cuanto hombre al que se las sujetó todas, a fin de que en todas las cosas todo sea Dios [1Co 15, 28].
En esa tarea que va realizando en el mundo, Dios ha querido que seamos cooperadores suyos, ha querido correr el riesgo de nuestra libertad. Me llega a lo hondo del alma contemplar la figura de Jesús recién nacido en Belén: un niño indefenso, inerme, incapaz de ofrecer resistencia. Dios se entrega en manos de los hombres, se acerca y se abaja hasta nosotros.
Jesucristo teniendo la naturaleza de Dios, no tuvo por usurpación el ser igual a Dios, y no obstante se anonadó a sí mismo tomando forma de esclavo [Flp 2, 6-7]. Dios condesciende con nuestra libertad, con nuestra imperfección, con nuestras miserias. Consiente en que los tesoros divinos sean llevados en vasos de barro, en que los demos a conocer mezclando nuestras deficiencias humanas con su fuerza divina.
114   La experiencia del pecado no nos debe, pues, hacer dudar de nuestra misión. Ciertamente nuestros pecados pueden hacer difícil reconocer a Cristo. Por tanto, hemos de enfrentarnos con nuestras propias miserias personales, buscar la purificación. Pero sabiendo que Dios no nos ha prometido la victoria absoluta sobre el mal durante esta vida, sino que nos pide lucha. Sufficit tibi gratia mea [2Co 12, 9], te basta mi gracia, respondió Dios a Pablo, que solicitaba ser liberado del aguijón que le humillaba.
El poder de Dios se manifiesta en nuestra flaqueza, y nos impulsa a luchar, a combatir contra nuestros defectos, aun sabiendo que no obtendremos jamás del todo la victoria durante el caminar terreno. La vida cristiana es un constante comenzar y recomenzar, un renovarse cada día.
Cristo resucita en nosotros, si nos hacemos copartícipes de su Cruz y de su Muerte. Hemos de amar la Cruz, la entrega, la mortificación. El optimismo cristiano no es un optimismo dulzón, ni tampoco una confianza humana en que todo saldrá bien. Es un optimismo que hunde sus raíces en la conciencia de la libertad y en la fe en la gracia; es un optimismo que lleva a exigirnos a nosotros mismos, a esforzarnos por corresponder a la llamada de Dios.
De esa manera, no ya a pesar de nuestra miseria, sino en cierto modo a través de nuestra miseria, de nuestra vida de hombres hechos de carne y de barro, se manifiesta Cristo: en el esfuerzo por ser mejores, por realizar un amor que aspira a ser puro, por dominar el egoísmo, por entregarnos plenamente a los demás, haciendo de nuestra existencia un constante servicio.

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
250. Elevemos nuestras preces a Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad en el reino de su Hijo Jesucristo.
-Por la Iglesia católica: para que, como pueblo santo de Dios, aporte a la sociedad los bienes espirituales que ha recibido de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por los jefes de los estados y los que ostentan el poder legislativo y ejecutivo en todas las naciones: para que hagan de nuestro mundo un lugar de paz donde reine el bien común. Roguemos al Señor.
- Por aquellos que tienen poder económico o tecnológico, por los científicos de todo el mundo: para que siempre pongan al hombre en el centro de sus preocupaciones. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los débiles, por cuantos sufren bajo el poder del mal: para que se vean liberados por el influjo del reino de Dios y su justicia. Roguemos al Señor.
- Por los que celebramos religiosamente esta fiesta: para que, dominando nuestras pasiones y egoísmos, no admitamos en nuestra vida otro poder que el de Cristo. Roguemos al Señor.
Padre, tú que has querido que tu Hijo Jesucristo reinara en el corazón de los hombres, haznos dóciles a tu voluntad para que alcancemos plenamente formar parte de su reino. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Señor, el sacrificio de la reconciliación de los hombres, pidiéndote humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos el don de la paz y la unidad. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Hóstiam tibi, Dómine, humánae reconciliatiónis offeréntes, supplíciter deprecámur, ut ipse Fílius tuus cunctis géntibus unitátis et pacis dona concédat. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Prefacio: Cristo, Rey del Universo.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a si mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria.
Santo, Santo, Santo...
Praefatio: De Christo universorum Rege.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui Unigénitum Fílium tuum, Dóminum nostrum Iesum Christum, Sacerdótem aetérnum et universórum Regem, óleo exsultatiónis unxísti: ut, seípsum in ara crucis hóstiam immaculátam et pacíficam ófferens, redemptiónis humánae sacraménta perágeret: et, suo subiéctis império ómnibus creatúris, aetérnum et universále regnum imménsae tuae tráderet maiestáti: regnum veritátis et vitae; regnum sanctitátis et grátiae; regnum iustítiae, amóris et pacis.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Sal 28, 10-11
El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz.
Antiphona ad communionem Ps 28, 10-11
Sedébit Dóminus Rex in aetérnum; Dóminus benedícet pópulo suo in pace.
Oración después de la comunión
Después de recibir el alimento de la inmortalidad, te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos de obedecer los mandatos de Cristo, Rey del universo, podamos vivir eternamente con él en el reino del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Immortalitátis alimóniam consecúti, quaesumus, Dómine, ut, qui Christi Regis universórum gloriámur obodíre mandátis, cum ipso in caelésti regno sine fine vívere valeámus. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO
Elogios del día 24 de noviembre
M
emoria de santos Andrés Dung Lac, presbítero, y de sus compañeros mártires (Estos son sus nombres: santos Clemente Ignacio Delgado Cebrián, Domingo Henares, Jerónimo Hermosilla, José María Díaz Sanjurjo, Melchor García Sampedro, Pedro Dumoulin-Borie, Valentín Berrio Ochoa, obispos; Agustín Schoeffler, Bernardo Viu Van Due, Domingo Cam, Domingo Mâu, Domingo Nguyen Van (Doán) Xuyên, Domingo Nguyen Van Hanh (Diêu), Domingo Trach, Domingo Tuoc, Manuel Nguyen Van Triêu, Francisco Gil de Federich, Francisco Jaccard, Jacinto Castañeda, Santiago Do Mai Nam, Juan Carlos Cornay, Juan Dat, Juan Doàn Trinh Hoan, Juan Luis Bonnard, Juan Teófanes Venard, José Dang Dinh (Niên) Viên, José Dô Quang Hien, José Fernández, José Machand, José Nguyên Dình Nghi, José Tuán, Isidoro Gagelin, Lorenzo Nguyen Van Hutong, Lucas Vu Bá Loan, Martín Ta Duc Thinh, Mateo Alonso de Leziniana, Pablo Lê Bao Tinh, Pablo Le-Van-Loc, Pablo Nguyen Ngan, Pablo Pham Khac Khoan, Pedro Almató Ribeira, Pedro Doan Cong Quy, Pedro Francisco Nerón, Pedro Khanh, Pedro Le Tuy, Pedro Nguyen Ba Tuân., Pedro Nguyen Van Luu, Pedro Nguyen Van Tu, Pedro Truong Van Thi, Felipe Phan Van Minh, Tomás Dinh Viet Du, Tomás Khuong, Vicente Do Yen, Vicente Le Quang Liem y Vicent Nguyen The Diem, presbíteros; Andrés Nguyen Kim Thong Nam (Nam Thuong), Antonio Nguyen Huu (Nam Quynh, Domingo Bui Van Uy, Francisco Javier Can, Francisco Javier Ha Trong Mau, Juan Bautista Dinh Van Thanh, José Nguyen Dinh Uyen, José Nguyen Duy Khang, José Nguyen Van Luu, Mateo Nguyen Van Phuong, Pablo Nguyen Van My, Pedro Doan Van Van, Pedro Nguyen Khac Tu, Pedro Nguyen Van Hieu, Pedro Truong Van Duong, Pedro Vu Van Truat y Tomás Toán, catequistas; Inés Le Thi Thanh (Dê), Andrés Tuong, Andrés Tran Van Trong, Antonio Nguyen Dích, Agustín Nguyen Van Moi, Agustín Phan Viet Huy, Domingo Huyen, Domingo Mao, Domingo Ngon, Domingo Nguyen, Domingo Nhi, Domingo Nicolás Dinh Dat, Domingo Ninh, Domingo Pham Trong (An) Kham, Domingo Toai, Manuel Le Van Phung, Manuel Phung, Francisco Do Minnh Chieu, Francisco Tran Van Trung, Juan Bautista Con, José Hoang Luong Canh, José Le Dan Thi, José Pham Trong (Cai) Ta, José Tuán, José Tuc, Lucas (Cai) Thin, Martín Tho, Mateo Le Van Gam, Miguel Ho Dinh Hy, Miguel Nguyen Huy My, Nicolás Bui Viet Yhe, Pablo Hang, Pablo Tong Viet Buong, Pedro Da, Pedro Dong, Pedro Thuan, Pedro Vo Dang Khoa, Simón Phan Dac Hoa, Esteban Nguyen Van Vinh, Tomás Nguyen Van Dê, Tomás Tran Van Thien, Vicente Duong y Vicente Tuong). En una común celebración se venera a los ciento diecisiete mártires de las regiones asiáticas de Tonquín, Annam y de la Cochinchina. Ocho de ellos eran obispos, otros muchos presbíteros, amén de ingente número de fieles de ambos sexos y de toda condición y edad, todos los cuales prefirieron el destierro, las cárceles, los tormentos y finalmente los extremos suplicios, antes que pisotear la cruz y desviarse de la fe cristiana (1839).
2. En Aquileya, en el territorio de Venecia, conmemoración de san Crisógono, mártir, a quien se da culto en Roma el día del aniversario de la dedicación de la iglesia cuyo título lleva su nombre (304).
3. En Amelia, ciudad de la Umbría, santa Firmina, mártir (303).
4. En Milán, de la provincia de Liguria, san Protasio, obispo, que defendió ante el emperador Constante la causa de san Atanasio y tomó parte en el Concilio de Sárdica (352).
5. En el lugar de Blaye, en el territorio de Burdeos, en Aquitania, san Romano, presbítero (385).
6*. En Cluain Uama (hoy Clyne), de Hibernia (hoy Irlanda), san Colmano, obispo (600).
7. En el territorio de Auvernia, en Aquitania, san Porciano, abad, que siendo joven esclavo buscó refugio y la libertad en un monasterio en el que se hizo monje y donde llegó a ser abad, muriendo ya de viejo, agotado por los ayunos (c. 532).
8. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, santas Flora y María, vírgenes y mártires, que en la persecución llevada a cabo por los musulmanes fueron encarceladas con san Eulogio y después muertas a espada (856).
9. En Reims, de la Galia, pasión de san Alberto de Lovaina, obispo de Lieja y mártir, que, desterrado por defender a la Iglesia, allí, en el mismo año fue ordenado y martirizado (1192).
10*. En el monasterio de Cava, en la Campania, beato Balsamo, abad, que en medio de las turbulencias y contradicciones de su tiempo desempeñó su cargo con sabiduría y prudencia (1232).
11. En la ciudad de Dông Hoy, en Annam, santos mártires Pedro Dumoulin-Borie, obispo de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, Pedro Vo Dang Khoa y Vicente Ngyen Tho Diem, presbíteros, de los cuales, por orden del emperador Minh Mang, el primero fue degollado y los demás estrangulados (1838).
12*. En Milán, de Italia, beata María Ana Sala, virgen de la Congregación de Hermanas de Santa Marcelina, que, entregada totalmente a la formación de las niñas, fue maestra cimentada en la fe y la piedad (1891).
13*. En Picadero de Paterna, en el territorio de Valencia, en España, beatas Nicetas de santa Prudencia Plaja Xifra y compañeras (Sus nombres son: beatas Paula de Santa Anastasia Isla Alonso, Antonia de Santo Timoteo Gosens Sáez de Ibarra, Daría de Santa Sofía Campillo Paniagua, Erundina de Nuestra Señora del Monte Carmelo Colino Vega, Consolada del Santísimo Sacramento Cuñado González, Concepción de San Ignacio Odriozola Zabalía, Feliciana de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Uribe Orbe, Concepción de Santa Magdalena Rodríguez Fernández, Justa de María Inmaculada Maiza Goicoechea, Clara de Nuestra Señora de la Esperanza Urrutia y Cándida de Nuestra Señora de los Ángeles Cayuso González.), vírgenes del Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad y mártires, todas las cuales fueron consideradas dignas de entrar con Cristo Esposo en el convite eterno, llevando sus lámparas encendidas (1936).